Recursos Humanos RRHH Press - Desde que topé en el supermercado con una lata de conservas que lucía un certificado de calidad, tengo reservas sobre este concepto (a ello contribuyó también la experiencia con un electrodoméstico certificado). Aquella lata se vendía a precio medio, y la compré. Al abrirla para un aperitivo, pronto decidí volver a mis marcas habituales; pero es que tampoco vi más veces aquella marca en el súper. No, como consumidor no veo suficiente relación entre el sello de calidad y la satisfacción del cliente. No veo mejora de la competitividad.
Por otra parte, hace varios años que doy vueltas al concepto manejado de “calidad directiva”, y he formulado reflexiones en diferentes medios impresos y electrónicos. Creo, porque se suele hacer referencia a los informes del foro de Davos, que apunta a la profesionalidad en la gestión, y en este tiempo me ha parecido que un posible “certificado” de calidad directiva podría dispersar los esfuerzos necesarios. Caben, claro, otras opiniones, pero pensé que cada nuevo reto de gestión empresarial es diferente a los anteriores, y ningún sello o diploma garantiza el éxito.
Días atrás, he advertido —seminario programado por la APD— que algunos expertos proponen medir y mejorar la calidad directiva, y hasta se habla de un “sello” al respecto. En verdad, la calidad de la gestión pública y privada debe mejorar en nuestro país, y bienvenidos sean los esfuerzos; pero acaso esta inquietud no parecería muy útil, si no apuntara a mejorar los resultados. Lo que ha de mejorar son los resultados de la gestión. ¿Cabría hablar de una buena gestión, de una gestión muy profesional, si condujera a resultados insatisfactorios?
El seminario que programa la APD parece apuntar, “no tanto a los resultados alcanzados”, sino a cómo se alcanzan estos resultados. No parece tratarse de una calidad directiva “resultante”, sino “procedimental” o “procesual”, como viene ocurriendo con la calidad certificada de productos y servicios. Aparecen menos criterios que en el modelo de excelencia de la EFQM; se señalan solo tres: competencias de los directivos, su compromiso con la organización y la sinergia del equipo de dirección.
Efectivamente, es preciso contar con directivos competentes y comprometidos, que, además, trabajen en equipo de modo sinérgico; pero quizá no deberíamos aureolarles con nimbos de calidad si no conducen hacia las metas deseadas y deseables, llegando además a ellas. No basta tomar las decisiones por consenso y no por cansancio, han de tomarse decisiones acertadas.
Sin duda los directivos encaran desafíos más retadores cada día, y, si los superan, merecen todo reconocimiento. Su rendimiento puede resultar muy satisfactorio, a pesar de los elevados salarios; pero también observamos salarios escandalosos con resultados lamentables. Confiemos en que mejore la profesionalidad y efectividad de nuestros directivos, y que su esfuerzo sea debidamente reconocido, pero no porque trabajen bien en equipo, sino porque sus éxitos hagan olvidar sus fracasos.
José Enebral Fernández - Consultor Senior y especialista en formación y estrategia de Recursos Humanos




