imagen de la noticiaRecursos Humanos RRHH Press – Preocupadas por las negativas consecuencias de parecer demasiado sinceras, las mujeres directivas hablan menos que los directivos masculinos en sus organizaciones, según un estudio elaborado por la Yale School of Management.

La profesora asistente de comportamiento organizacional de Yale School of Management, Victoria Brescoll, responsable de la investigación, analizó la cantidad de tiempo que dedicaban a hablar altos directivos, tanto hombres como mujeres, y descubrió que los hombres con más poder dentro de las empresas hablaban más que los hombres con menos poder, sin encontrar, sin embargo, diferencias significativas en el caso de las mujeres.

Según Brescoll, “cuando los hombres hablan mucho y tienen poder, la gente quiere recompensarles contratándoles, votándoles o, simplemente, dándoles más poder y responsabilidad en el trabajo. Pero cuando las mujeres hacen lo mismo –hablar mucho-, son vistas como demasiado dominantes, demasiado presuntuosas, y ellas lo notan, por lo que templan mucho lo que hablan”.

Para estudiar la relación entre género, poder y el tiempo hablando, Brescoll acudió al Senado de Estados Unidos, donde se registra cada palabra proferida por los senadores. Tras diferentes análisis, la profesora de Yale encontró una fuerte relación positiva entre poder y tiempo hablando de los senadores masculinos, sin encontrar la misma relación en el caso de las mujeres senadoras.

Así, los senadores masculinos con mayor poder hablaban más que sus homólogos masculinos con menos poder, mientras que no descubrió diferencias en la cantidad de tiempo que hablaban las mujeres senadoras con mayor y menor poder.

Trasladando su investigación al mundo de la empresa, Brescoll realizó un experimento con 206 participantes en el que les pedía que se imaginaran como miembros con mayor y menor poder dentro de un equipo de trabajo durante una reunión. Los participantes fueron preguntados, entre otras cuestiones, sobre cuánto tiempo hablarían durante la reunión. Los hombres a los que les fue asignado mayor poder indicaron que hablarían más que aquellos que tenían menos poder, mientras que las mujeres con mayor poder aseguraron que hablarían lo mismo que las mujeres y los hombres con menor poder.

Un análisis más exhaustivo reveló que las mujeres con más poder ajustaban su tiempo de hablar en función de preocupaciones tales como la posibilidad de ser rechazadas, ser percibidas como impertinentes u otras razones relacionadas con el miedo a obtener una reacción negativa.

Brescoll descubrió que las mujeres con mayor poder temían provocar reacciones negativas derivadas de una aparente sensación de hablar demasiado. En otro experimento, tanto hombres como mujeres calificaron de ‘significativamente menos competente’ y con menos habilidades de liderazgo a una mujer que representaba el papel de CEO de una empresa por hablar más, incluso habiendo hablado el mismo tiempo que un hipotético CEO masculino.

De la misma manera, otra ficticia CEO femenina que habló menos que los otros participantes fue considerada igual de competente y merecedora de una posición de liderazgo que un CEO masculino que habló más que los demás.

Según Brescoll, "lo irónico es que los buenos líderes suelen ser también buenos oyentes. Juzgar tan duramente a las mujeres líderes por hablar 'demasiado' podría tener consecuencias negativas no solo para las mujeres, sino también para las empresas".

RRHHpress

 

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