Recursos Humanos RRHH Press - Los directivos que pasan un tiempo en países en vías de desarrollo, trabajando en iniciativas humanitarias, se convierten en líderes más responsables, ya que estar en contacto directo con situaciones relacionadas con la pobreza transforma profundamente el estilo de gestión de los líderes y mejora sustancialmente sus habilidades para el liderazgo una vez que regresan a su país.
Esta es la principal conclusión que se desprende de un estudio llevado a cabo por Nicola Pless y Thomas Maak, profesores de Esade, publicado recientemente en el journal Academy of Management Learning and Education.
Este estudio está basado en un análisis del proyecto Ulysses, un programa de desarrollo del liderazgo, que lleva a cabo PricewaterhouseCoopers (PwC) y que implica enviar equipos de directivos a países en vías de desarrollo para trabajar con ONGs, emprendedores sociales y organizaciones internacionales.
Los participantes en este proyecto se vieron envueltos en experiencias de trabajo en equipo y fueron retados a trasladar su conocimiento empresarial y su pericia a iniciativas que tenían como objetivo reducir la pobreza, tratar los aspectos medioambientales y mejorar la salud de las personas.
Cambiar la manera de ver el mundo y a sí mismos
Los investigadores de Esade han calificado los resultados del estudio de sorprendentes. En todos los campos establecidos relevantes para un liderazgo global y responsable se percibe un incremento en los conocimientos o cambios de actitud respecto a la visión o manera de ver las cosas, hablar y comportarse antes de sus experiencias. En este sentido más del 90% de los participantes ganaron en conocimiento y consciencia sobre la situación mundial en temas sociales, sanitarios o medioambientales y se convirtieron también en más conscientes de la gran responsabilidad de los directivos de empresas en el mundo.
Según Nicola Pless, experta en psicología organizativa y gestión de personas, “las observaciones indican que, a su regreso, todos los participantes del programa Ulysses se vuelven más responsables socialmente, más empáticos, más respetuosos, más tolerantes y, además, desarrollan una mayor conciencia de sus propios prejuicios y aprenden a posponer sus juicios. También desarrollan unas determinadas actitudes de liderazgo, como una conciencia moral, unos valores más fuertes y una mentalidad global”.
Pless apunta, además, que las experiencias de trabajo en equipo en países en vías de desarrollo afectan, incluso, al aumento del autodesarrollo. “Los líderes ganan mayor conciencia de sus limitaciones personales y sus necesidades de desarrollarse. Aprenden humildad, encuentran un propósito en la vida más profundo, se vuelven conscientes de la importancia de las relaciones y sienten una mayor necesidad de equilibrar el trabajo con su vida personal”, asegura Pless.
Incorporar la formación en humanidad
El estudio concluye que los programas de aprendizaje-servicio internacionales de este tipo tienen un enorme potencial para desarrollar las cualidades fundamentales para los líderes responsables globales. Los autores están convencidos de que incorporar experiencias de aprendizaje de este tipo a los programas de formación de corporaciones multinacionales, escuelas de negocios y proveedores de formación sería una gran ventaja para preparar a los líderes actuales y venideros para sobrellevar los retos que les deparará el futuro.
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