accesibleRRHHpress. La integración de personas con discapacidad es una problemática aún no resuelta en nuestra sociedad. En España, la igualdad social en los últimos años ha avanzado en el diseño de políticas de inserción, pero la normalización queda todavía lejana, a pesar de que uno de los principales colectivos a los que se dirigen las políticas sociales es el de las personas con discapacidad.

Estas son algunas de las principales conclusiones que se desprenden de la “Guía de Accesibilidad para empresas”, documento elaborado por el Club de Excelencia en Sostenibilidad y la Fundación Adecco cuyo propósito es formar a las compañías en criterios sobre accesibilidad del espacio y facilitar la inserción de las personas con discapacidad a un mundo que, aún hoy, en pleno siglo XXI, no está diseñado para ellos.

El papel de la empresa, primordial para alcanzar la integración total

En España, un 9% de la población, 3,5 millones de personas, padece algún tipo de discapacidad. Sin embargo, continúa siendo uno de los países con menor índice de inserción laboral de la Unión Europea. Una de las principales causas de este desajuste viene motivada por la existencia de barreras arquitectónicas, que dificultan enormemente a las empresas incorporar a personas con dificultades en su plantilla.

En nuestros días, la integración total no puede concebirse si las personas no disponen de un puesto de trabajo estable. En este contexto, la empresa juega un papel fundamental al ser un agente con capacidad para generar oportunidades reales. Hace poco más de una década hubiera resultado sorprendente que las compañías se interesaran en adecuar sus edificios, entornos y puestos de trabajo a personas con discapacidades físicas, sensoriales o psíquicas.

El artículo 49 de la Constitución fue el primer peldaño legislativo para la integración social de los discapacitados. Este mandato constitucional culminó, en el ámbito legislativo, con la publicación de la Ley 13/1982 de 7 de abril, de integración social de minusválidos (LISMI), que, entre otras cuestiones, obliga a las empresas públicas a emplear un número de trabajadores minusválidos no inferior al 5%, y a las privadas el 2% de la plantilla, cuando estas empresas estén formadas por 50 o más trabajadores.

Pero lo cierto es que, en la actualidad, gran parte de las empresas no están arquitectónicamente preparadas para integrar a personas con algún tipo de discapacidad y esto supone un importante freno para el cumplimiento de esta normativa legal. Por tanto, si las empresas quieren ser socialmente responsables y estar preparadas para cumplir con la LISMI, deberán adaptar sus edificios y disponer de espacios para todos sus empleados, tengan o no sus capacidades limitadas.

Para ayudar a las compañías en la consecución de esta tarea, la Guía de Accesibilidad ofrece una amplia visión sobre el mundo de la discapacidad, explicando y definiendo todas las cuestiones de utilidad y ofreciendo, en seis apartados, los parámetros y normas básicas para conseguir la accesibilidad en cualquier entorno:

  • Accesibilidad urbanística (mobiliario urbano, aparcamientos, pasos de peatones, áreas de descanso, etc.)
  • Accesibilidad en la edificación (rampas, escaleras, ascensores, etc.)
  • Medios de transporte de la empresa accesibles (por carretera, aéreos, marítimos, ferroviarios…)
  • Accesibilidad en los sistemas de comunicación (caracteres, tamaño, color, contraste, iluminación, señalización táctil, lengua de signos, etc.)
  • Bienes de equipo, productos y servicios accesibles
  • Actividades de sensibilización y formación del personal

Alcanzar la plena accesibilidad, el nuevo reto del siglo XXI

España ha asistido en los últimos años a una importante evolución legal en el ámbito social. La Ley de la Dependencia, la Ley de Igualdad de Oportunidades o la exigencia en el cumplimiento de la normativa de Prevención de Riesgos Laborales, son sólo algunos ejemplos.

Asimismo, nuevos criterios de accesibilidad y no discriminación se van asentando paulatinamente como parte de nuestra cultura, y el envejecimiento de los ciudadanos, debido a la elevada esperanza de vida que se registra en nuestro país, es una realidad cada vez más palpable.

Teniendo en cuenta este ambiente cada vez más proclive a la instauración de normas sociales, nuestra coyuntura puede ser una buena oportunidad para impulsar la accesibilidad arquitectónica, que al fin y al cabo es el primer paso para eliminar las posibles barreras mentales que aún pueden existir y alcanzar la integración total.

En nuestros días se está imponiendo un nuevo paradigma: El Diseño Universal, que dirige su acción al desarrollo de productos y entornos de fácil acceso para el mayor número de personas posible, independientemente de sus capacidades y habilidades, y sin la necesidad de adaptarlos o rediseñarlos de una forma especial.

En el siglo XXI ha de imponerse este prototipo y debe conseguirse una buena accesibilidad, entendida como aquella que existe pero que pasa desapercibida para la mayoría de usuarios.

 

Utilizamos cookies propias y de terceros para posibilitar y mejorar su experiencia de navegación por nuestra web. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.