RRHH Press. El envejecimiento de la población en las zonas rurales se ha convertido en un problema crónico que hace peligrar la continuidad del sector agrario, tal y como lo demuestra el hecho de que los agricultores menores de 35 años tan solo representen el 6% de los trabajadores del campo en toda Europa, según advierte la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (FENACORE).Esta situación responde a que las nuevas generaciones no encuentran suficiente motivación para desarrollar su carrera profesional en este sector debido a sus bajos ingresos, por lo que optan mayoritariamente por emigrar a las ciudades en busca de mejores condiciones laborales. De hecho, la renta agraria ha retrocedido a niveles similares a los del año 2000, lo que significa que los agricultores europeos perciben una media de 12.000 euros anuales, un 34% menos que en una zona urbana del mismo entorno.
En el último año, la renta agraria española aumentó tan solo un 6%, la mitad que la media europea y muy lejos de los crecimientos experimentados por países como Francia (+31,4%) o Alemania (+22,8%), lo que nos sitúa entre los últimos puestos de la UE-27 en términos de incremento de renta.
Fenacore atribuye esta pérdida de capacidad económica -que en los últimos cinco años se ha desplomado más de un 26%- al aumento progresivo de los costes de producción en la última década y a la caída continuada de los precios, mientras las producciones hortofrutícolas multiplican por cuatro su valor en la cadena de logística y transporte sin que ellos perciban ningún retorno en forma de beneficios.
Sin actividad en menos de 20 años
Fenacore teme que esta ausencia de relevo generacional en el campo desemboque en el abandono de múltiples explotaciones agrícolas en menos de veinte años, con el consiguiente perjuicio que ello supondrá no solo para las regiones que, como las del arco mediterráneo, basan su economía en los cultivos agrícolas sino también para el conjunto de la sociedad española.
En este contexto, Fenacore llama la atención sobre la necesidad de desarrollar un marco económico y una política agraria que garantice la supervivencia de este sector clave para la economía -con una aportación al PIB del 2,8% y superior al 15% si se tiene en cuenta toda la industria agroalimentaria asociada- ofreciendo a los jóvenes agricultores el apoyo suficiente para que se establezcan y desarrollen su actividad agraria de forma estable en el campo.
Según Andrés del Campo, presidente de Fenacore, "más allá de la producción de alimentos, la agricultura contribuye a fijar la población al territorio, minimiza los efectos del cambio climático actuando como sumidero de CO2 y reduce la desertización del suelo, evitando que esa zona se convierta en el basurero de la ciudad más próxima".
En opinión de la Federación, uno de los objetivos de la próxima Política Agraria Común (PAC), actualmente en debate, debe ser igualar la renta agrícola con la de otros sectores como el industrial o el servicios, de manera que se ponga freno a las condiciones de precariedad que caracterizan al campo español.
Estímulos para revitalizar el sector
Con las cifras sobre la mesa, de los 630 millones de dotación para el periodo 2007-2013 que contemplan los fondos comunitarios para ayudar a los jóvenes agricultores, se ha asignado hasta la fecha una cuarta parte de las ayudas, permitiendo la incorporación al campo de más de 8.000 trabajadores, lo que pone de manifiesto que estos apoyos suponen un estímulo para la revitalización del sector.