AlzheimerRRHH Press. Según ha descubierto una investigadora de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Navarra, factores ambientales como el estrés pueden estar influyendo en un aumento de la incidencia de la enfermedad de Alzheimer en la sociedad.

El trabajo de esta investigadora, Maite Solas, se ha centrado en estudios con ratones expuestos tanto a estrés postnatal -en las primeras etapas de la vida- como en la vida adulta. “Así, comprobamos que en ambos casos el estrés contribuía al desarrollo de un déficit cognitivo y al aumento de marcadores presentes en los enfermos de Alzheimer”, afirma Solas.

Aunque todavía hoy no se conocen los mecanismos que subyacen al desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, Solas pone de relieve la conexión entre la hipersecreción de glucocorticoides y la pérdida neuronal en el hipocampo, una lesión característica de la dolencia degenerativa. “Asimismo, la exposición a niveles altos de glucocorticoides produce respuestas fisiológicas propias de la diabetes mellitus de tipo 2, como la resistencia periférica a la insulina. Por eso parece que podría existir una relación entre ambas dolencias”, explica la nueva doctora.

Además, agentes endógenos -como la edad y la genética- podrían ser determinantes en el inicio y la progresión del Alzheimer: “Por eso si podemos controlar el estrés o intervenir con fármacos en la hipersecreción de glucocorticoides y la producción de insulina, quizá estemos ante una diana terapéutica fundamental para tratar la enfermedad”.

Falta de deporte, colesterol alto, hipertensión… entre los factores no genéticos

Parte de la tesis doctoral de Maite Solas se ha desarrollado en el Instituto Karolinska, en Estocolmo, uno de los centros más importantes del mundo en la investigación sobre Alzheimer. Su co-director, Ángel Cedazo-Mínguez, fue además parte del tribunal de tesis. Con este motivo el experto recordó que la mayor parte de sus esfuerzos se centran en la enfermedad “no determinante”, aquella que no tienen un origen genético, ya que sólo el 1% de los enfermos está predispuesto genéticamente a sufrirla.

En este sentido, el especialista español señaló que las pistas para entender el origen de la enfermedad se centran ahora en analizar factores que se saben determinantes, “como la falta de deporte, un colesterol alto, hipertensión, una dieta poco saludable, menos relaciones sociales y un cerebro menos trabajado -todo ello propio de la vida moderna-“. Esto les permite abrir nuevas vías para tratamientos que puedan retrasar su aparición: “Si lo conseguimos, habremos salvado a la mayoría de los pacientes y mejoraríamos mucho la calidad de vida de los enfermos”.

 

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