Recursos Humanos RRHH Press - El 61% de los casos de fraude corporativo son cometidos por trabajadores de la propia empresa afectada, y en el 70% de las ocasiones han actuado en connivencia con otras personas, tal y como se desprende del informe ‘Perfiles de un defraudador’, elaborado por KPMG.
Según ha informado la firma de servicios profesionales, el estudio, realizado a partir del análisis de un total de 596 defraudadores implicados en actos cometidos en 78 países, revela que el 42% de los defraudadores llevaban trabajando en la organización más de seis años.
Según Pablo Bernad, socio responsable del área de Forensic de KPMG en España, “los especialistas en fraudes llevan mucho tiempo debatiendo sobre si es posible desarrollar un perfil del defraudador que sea lo suficientemente preciso como para permitir a las organizaciones detectar a los autores durante la comisión del fraude o, incluso, con anterioridad al mismo. Un análisis continuo de la naturaleza del fraude, que a su vez está en constante cambio, y del defraudador puede ayudar a las organizaciones a reforzar sus defensas contra estas actividades delictivas. Por ello, más vale prevenir que curar”.
Perfil del defraudador
Según KPMG, el defraudador “típico” tiene una edad comprendida entre los 36 y 55 años, en el 70% de los casos. Se trata de un empleado que trabaja en el área de finanzas, operaciones o ventas/marketing. Ocupa un puesto directivo o de gestión, en el 29% y 25% de los casos, respectivamente, y su antigüedad en la organización es de más de 6 años.
Se trata de un defraudador ocasional, es decir, no reincidente. Se trata de un empleado de confianza, con un cargo de responsabilidad y cuya supuesta conducta fraudulenta sorprendería a los demás. Los defraudadores recién contratados en una organización y que de forma incipiente comienzan a elaborar un plan de acción son menos comunes.
El defraudador tipo no actúa en solitario. En este sentido, en los casos en los que los defraudadores actuaron con cómplices, el 74% de los delitos fueron cometidos a lo largo de entre uno y cinco años.
El defraudador no siente necesidad de someterse a las reglas. Una tercera parte de los defraudadores (36%) señala la sensación de superioridad como motivo para justificar su fraude. Es posible que se deba al hecho de que el 29% de los fraudes fueron cometidos por directivos, el cargo más frecuente en relación con la comisión de estos actos.
Razones para cometer un fraude
Según los casos analizados en el informe de KPMG, la razón mayoritaria para cometer un fraude es económica. Del total de 1.082 motivaciones mencionadas en el análisis, 614 tienen que ver con la avaricia, el beneficio económico y las dificultades económicas, mientras que otras 114 estaban relacionadas con el cumplimiento de objetivos de negocio. El único motivo no financiero con una frecuencia similar es la simple voluntad de hacerlo, es decir, “porque puedo”, con 106 casos.
En cuanto a los delitos más comunes, en el 56% de los casos el fraude más frecuente es la apropiación indebida de activos, donde la malversación representa el 40% y el fraude en las compras el 27%. El segundo fraude más habitual es la obtención de ingresos de activos mediante actividades fraudulentas o ilegales (24%).
Respecto a la cuantía de los mismos, en el 43% de los casos en los que el defraudador no actuaba solo, el impacto económico para las víctimas excedió la cifra de 500.000 dólares, en el 18% supuso una cuantía total de entre 50.000 y 200.000 dólares y en el 16% de los fraudes analizados alcanzó la suma de los 5.000.000 dólares, cifra superior a la registrada en los casos en los que el defraudador actuó en solitario.
Respuesta del defraudador al rápido cambio del mundo empresarial
El informe de KPMG también revela que el comportamiento del defraudador no es predecible, ya que varía continuamente. Los tres factores tipificados que incitan al fraude son motivación, oportunidad y racionalización. Las organizaciones tienen que entender el comportamiento en constante cambio del defraudador para mitigar el riesgo de fraude y responder rápidamente a potenciales delitos.
Un cambio destacado es el creciente uso de tecnología por parte de los defraudadores, y no solo en países tecnológicamente avanzados. Constituye una preocupación para todas las empresas el hecho de estar a punto de encontrarnos con una nueva generación de defraudadores capacitada para usar más tecnología y con acceso a mucha más información que las generaciones anteriores. Todo ello indica el inicio de una nueva era para el fraude y las actividades ilegales.
Controles internos
Según el estudio, el 54% de los casos de fraude fue motivado por la debilidad de los controles internos en las compañías. Esto indica que, si muchas organizaciones endurecieran los sistemas de control y supervisión de los empleados, la oportunidad de cometer un fraude se reduciría visiblemente. Es muy frecuente que las organizaciones pasen por alto la prevención del fraude mediante la implantación de los controles adecuados y aprendan de sus errores cuando ya es demasiado tarde.
Sin embargo, unos controles internos sólidos no impedirán todos los fraudes. Según el informe, el 20% de los defraudadores cometieron el delito de forma temeraria, saltándose todos los controles. En el 11% de los casos, actuaron en connivencia con otras personas para eludir los controles, por lo que, en ambos casos, el defraudador puede ser una persona que conoce los controles y sabe cómo manipularlos, o que encuentra un fallo en los mismos por accidente y se aprovecha de ello.
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