Recursos Humanos RRHH Press. ¿Puede una empresa en números rojos reconducir su situación y volver a los beneficios? Algunas compañías, como el Grupo Rodilla, ASM o la propia Apple, lo han conseguido.
Bienvenido Martínez, director del área de Gestión, Estrategia y Técnica y director de los programas MBA del Instituto de Directivos de Empresa, ha recopilado las 6 claves para tener éxito reflotando una empresa
Diagnóstico. Lo primero es conocer la situación en la que nos encontramos, y, con ello, poder realizar un buen diagnóstico. Los aspectos fundamentales en los que hemos de centrarnos van ser la forma en que generamos los ingresos, dónde y cómo gastamos y cómo de eficiente es la organización, en la que figuran como actores principales las personas, sus tipos de relaciones y sus aportaciones a los dos aspectos anteriores.
Hemos de encontrar todo lo bueno de la organización, que seguro que existe, y todo aquello que ya no sirve ni aporta en la situación actual. Lo primero, para reforzarlo, lo segundo para eliminarlo.
Plan de acción. Necesitamos un plan de acción y necesitamos que sea conocido, porque será muy importante conseguir adhesiones. Un plan coherente y realizable, primero con acciones coyunturales en el corto plazo que nos permitan salvar la situación, y que enlacen después con medidas estructurales, de resetructuración en el medio plazo y de modernización en el largo plazo.
Debemos estar muy atentos a que cada una de nuestras medidas surta los efectos esperados. Si no es así también debemos estar dispuestos a cambiar, modificar o añadir otras nuevas, recordando que la realidad no siempre nos da la razón.
Sería un error replicar modelos. Cada empresa es diferente, cada momento es distinto y sobre las mismas causas se pueden producir efectos distintos
Recuperar la confianza. Cuando apliquemos nuestro plan, es el momento de demostrar que las medidas están sirviendo, de ser creíbles y de poner lo que decimos en consonancia con lo que hacemos.
Con los empleados, hay que explicar e intentar que todas las personas que permanezcan en la organización se enganchen al plan. Con los proveedores, debemos encontrar su apoyo para continuar siéndolo, en la confianza de que cumplimos con nuestros compromisos y seguiremos haciendo negocio juntos.
Responsabilidad, credibilidad, consistencia, coherencia... pueden ser algunos de los calificativos necesarios, además de poder demostrar los resultados en periodos cortos y siempre, que no viene mal, que la suerte nos acompañe.
Nuevas alianzas. Los problemas a los que nos enfrentaremos pueden ser de mercado, de producto, financieros… Dependiendo de ello, será necesario encontrar a quien nos pueda ayudar a solventarlos. Si lo encontramos de manera acertada, nos reforzara en nuestro plan de cambio, siempre que tengamos algo que aportar a ese posible socio. Casi nunca existe el mirlo blanco que resuelva todos los problemas, y hasta es posible que tengamos que buscar distintas aportaciones en diferentes alianzas.
Unidos seremos más grandes y fuertes, pero no olvidemos que sobreviven aquellos que son capaces de adaptarse mejor al medio.
Dinero. Va a actuar como una condición necesaria, pero no suficiente. Siempre será necesario el dinero, pero no todos los problemas se resuelven con solo con él.
La situación económico financiera estará presente en todo lo que nos planteemos, y traducir a euros todas las medidas que queramos tomar será siempre un buen ejercicio. Hay que dejar que los números nos hablen, ellos nos cuentan la verdad de todo lo que pensamos y decimos.
Especial atención a los problemas y tensiones de tesorería, que, de no solventarlos, nos pueden llevar a un fallo generalizado en el resto de áreas, aparentemente no afectadas.
Liderazgo. El directivo debe transformarse en un líder. Los que dirigen y gestionan deben ser los verdaderos impulsores de los cambios necesarios. Deben tener claro cuáles son los objetivos a conseguir para que todas las acciones sean acordes con los mismos.
Las decisiones difíciles que afectan a personas, los conflictos y enfrentamientos o las dificultades no previstas no deben alejarles del objetivo marcado. Ello exige unas habilidades de dirección considerables, que el directivo debe haber desarrollado desde su formación.
Por último, los líderes tienen que creer en lo que hacen. Si no es así, estarán en clara desventaja con la tozudez de las realidades a las que se van a enfrentar.
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