Septiembre

Hay dos momentos en el año a los que casi inevitablemente se les coloca la etiqueta de "comienzo". Uno es enero, que por derecho propio ostenta el título de puesta en marcha de un nuevo ciclo anual en el calendario. El otro es septiembre, que, si bien no goza de esa oficialidad, para muchos supone el verdadero arranque de la temporada.

Septiembre no solo marca el final del parón laboral de las vacaciones de verano, sino que es también el momento en el que los estudiantes inician el nuevo curso escolar, algo que queda grabado en el subconsciente de las personas con independencia de si siguen atendiendo a clases en la actualidad o si hace años o incluso décadas que dejaron atrás el colegio o la universidad. El noveno mes del año marca también un cambio estacional de relevancia: termina la temporada cálida y arrancan los meses más fríos de otoño e invierno. Las temporadas deportivas, las parrillas televisivas, las colecciones de moda… Infinidad de cosas se renuevan en septiembre.

Reinicio empresarial y personal

A nivel laboral, también las empresas y los profesionales que trabajan en ellas suelen aprovechar los hitos de enero y septiembre para poner sus marcadores a cero, acometer desafíos y marcarse objetivos. Solo que no acostumbran a hacerlo con el mismo rigor ni la misma actitud. Mientras que el 1 de enero es una fecha llena de buenos propósitos y mejores intenciones, septiembre es un momento idóneo para plantearse ese reseteo personal y empresarial de un modo más racional y objetivo.

Con dos terceras partes del año natural ya a nuestras espaldas, septiembre nos ofrece la oportunidad perfecta para evaluar hasta qué punto hemos sido capaces o no de transformar esos buenos deseos que nos planteamos cuando arrancamos el año en realidades palpables. Mientras que en enero decidimos dónde queremos llegar, en septiembre tenemos la ocasión de comprobar dónde estamos y cuánto nos falta para alcanzar el destino. ¿Cómo? Solo hay una manera: midiendo.

Y es que antes de resetear objetivos, es necesario revisarlos en función de su grado de cumplimiento. Saber a ciencia cierta en cuáles de ellos estamos avanzando de acuerdo con el plan trazado, en cuáles otros vamos retrasados y en cuáles estamos superando nuestras propias expectativas. ¿Estamos logrando los hitos de productividad que nos marcamos? ¿Estamos optimizando el uso de nuestro tiempo de trabajo? ¿Estamos gestionando con mayor eficiencia los proyectos en los que estamos involucrados? Solo con esa información seremos capaces de determinar si necesitamos cambiar algún elemento de nuestra hoja de ruta para llegar felizmente a destino.

Punto de no retorno

Por esa razón, para muchos, septiembre, más que un inicio de ciclo, es la última oportunidad que tenemos para asegurarnos de cerrar el año en curso de acuerdo con nuestras previsiones; es el punto de no retorno más allá del cual seguramente ya será demasiado tarde para cambiar la velocidad, la potencia o la dirección de nuestra marcha.

Una empresa que tenga una verdadera cultura de medición no esperará a diciembre para saber si sus previsiones van por buen camino, sino que pondrá en práctica ese sano y necesario ejercicio de evaluarse a sí misma a lo largo de todo el año. Pero es verdad que septiembre es un hito estratégico en ese sentido. Lo es por ese espíritu positivo de arranque de ciclo y fuerzas renovadas al que me refería antes. Pero también porque en caso de detectar desviaciones todavía contamos con cuatro meses por delante de margen para enderezar el rumbo. O para reevaluar unas previsiones que ahora, a la luz de los datos objetivos, se revelan demasiado optimistas o poco apoyadas en la realidad.

Los datos objetivos son fundamentales para saber dónde nos encontramos, pero también nos ofrecen una magnífica oportunidad para saber cómo hemos llegado hasta ahí. Un punto de inflexión en el que deberemos hacernos una serie de preguntas esenciales: ¿hemos avanzado al ritmo adecuado?, ¿qué ha funcionado?, ¿qué no?, ¿han cambiado las condiciones que había cuando nos marcamos los objetivos?, ¿hemos cambiado nosotros? o ¿estamos midiendo lo que realmente importa? Medir y analizar esos resultados con mirada crítica nos permite distinguir entre un objetivo ambicioso que necesita más tiempo para ser alcanzado y uno que simplemente estaba mal planteado.

En definitiva, el mes de septiembre nos facilita transitar desde la incertidumbre del propósito a la seguridad del dato. Y eso siempre es un gran comienzo.  

Joan Pons, CEO de WorkMeter

Joan Pons

 

 

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