RRHH Press. En el mundo empresarial afloran nuestros conocimientos, capacidades, actitudes, sentimientos…, y también nuestros genes y memes; se abre espacio, sí, a nuestra personalidad, incluyendo creencias y valores. La mentalidad del primer ejecutivo es quizá, en las empresas, la más determinante, pero todos nos dejamos llevar, para bien o para mal, y en buena medida, por nuestros modelos mentales.Ya saben lo de los memes (término acuñado por Richard Dawkins): llamamos así a elementos o unidades de información cultural que pueden difundirse o contagiarse a gran velocidad, para incorporarse a nuestras creencias y valores. La intensidad de la difusión parece lógicamente relacionarse con las resistencias o conductancias con que se pueda topar. Dentro del mundo empresarial, habríamos de admitir que quizá hubo más ruidos que nueces en los cambios culturales orquestados en el escenario finisecular: no todos los nuevos memes fueron bien digeridos…
Se diría que asistimos en nuestro tiempo a cierta turbulencia memética; hay memes que incorporamos e incluso activamos inmediatamente, aunque también hay otros ante los que surgen reservas y rechazos, a poco que aparezca el pensamiento crítico. Pongamos un ejemplo. Dentro del legado de Peter Drucker se nos dibujaba un trabajador del saber (knowledge worker) esmerado en el desempeño de su profesión, diestro con las TIC, que habría de desenvolverse con suficiente autonomía para desplegar todo su capital humano, aprendedor permanente… Me parecía incontestable, aunque no todas las empresas catalicen hoy el cultivo de este perfil, alineado con la teoría Y de McGregor.
Ante otros memes sí me detengo más a reflexionar y a cuestionar. Hace años di con una cierta definición del jefe-líder: “aquel que logra que sus colaboradores quieran hacer lo que han de hacer”. Lo leí en un libro distribuido en unas jornadas sobre Management en Madrid, y lo escuché poco después en una escuela de negocios: parecía propagarse bien. Contribuía a la extendida idea de que dirigir tiene mucho que ver con motivar, quizá porque se piensa que los trabajadores tienden a eludir el esfuerzo (teoría X de McGregor).
Lo cuestioné, sí, porque, aunque hubiera otras lecturas posibles, parecía presumir que los trabajadores, por muy capacitados que estén, no quieren hacer su trabajo y precisan de alguien que lo consiga; que precisan de un moderno capataz, quizá nimbado con el diploma de líder. Así las cosas, quienes (tal vez no pocos en la economía del saber, si no casi todos) desean hacer su trabajo con esmero y responsabilidad, habrán de contar con que su jefe-líder podría capitalizar su voluntad y su actuación. La profesionalidad (saber, querer y hacer) no es exclusiva de los directivos, diría yo, aunque sí puede que se nutra ciertamente de la compensación económica…
Si aquella descripción del jefe-líder presumía falta de voluntad, quizá de energía psíquica, en los supuestos seguidores, topé hace poco con un nuevo postulado impactante; con un meme que presumía ahora falta de competencia de los subordinados y necesidad de alguien que los guiara. Era información promocional de un nuevo libro, Gestión de Incompetentes, que decía proporcionar “un enfoque innovador sobre la gestión de personas”, y que iba a ser presentado en una escuela de negocios. Leí, sorprendido: “Póngase con paciencia a las tareas de enseñar, corregir y agradecer el trabajo. Con estos bueyes hay que arar”.
Se apuntaba hacia los subordinados incompetentes, admitiendo empero que todos lo somos en alguna medida “porque somos mejorables”. Pensé que podía en verdad verse la botella medio llena o medio vacía, pero se señalaba —en eso parecía centrarse el libro— la incompetencia como elemento determinante en la gestión de personas: “La Gestión de Personas es fundamentalmente Gestión de Incompetentes”. Me pareció que se relativizaban conceptos y se universalizaba la incompetencia —sobre todo la de los trabajadores—, no sabía yo si con algún propósito saludable.
El libro, de amena lectura, ha sido recomendado por numerosos expertos, algunos de ellos del club Top Ten Business Experts, y se nos muestra alineado con una emergente Escuela Española del Management; su autor es el profesor Gabriel Ginebra, y aparece prologado por Javier Fernández Aguado, prestigioso experto español sobre cuyo pensamiento se organizan simposios. De modo que sus mensajes —sus memes— podrían llegar muy lejos. Son ciertamente numerosos en el libro. Otro ofrezco ahora al lector: “El día que no seas capaz de enseñar algo a los que dependen de ti —el día que dejes de sorprenderles— habrás perdido una parte importante de tu autoridad como jefe”.
Algunos lectores asentirán convencidos, pero tampoco me contagié yo de este meme. Puede que, quizá sobre todo en empresas de cierto tamaño, de los jefes se venga esperando ya más una acertada gestión estratégica y táctica, facilitadora del futuro deseado, que un profundo conocimiento en el campo técnico de la actividad. Diría, sí, que van siendo ya numerosos los casos en que el jefe no podría sustituir a los subordinados en su trabajo, dentro de la economía del saber y el innovar.
Otro mensaje-meme del libro: “Gestionar personas es incómodo... Las personas son complicadas, tienen sexo, edad y carácter”. En efecto, desde una supuesta Escuela Española del Management se nos lanzaba el mensaje de que las personas son incompetentes y complicadas; se las parece ver como meros recursos humanos y no tanto como portadoras de capital humano expresable con profesionalidad. Un mensaje sensiblemente distinto al del valor capital y cardinal de las personas en la era del saber.
Podrá, o no, pensarse que el principio de Peter, que situaba la incompetencia por arriba, pueda ser invocado; pero sí hemos de recordar que el Foro de Davos ya viene denunciando falta de calidad directiva en nuestro país desde hace años. Por otra parte, los trabajadores españoles aparecen entre los más formados dentro de la OCDE, y Alemania desea contar con los mejores, incluso de entre los aquí desempleados. No diría yo, a pesar de los memes que puedan circular, que la incompetencia de los trabajadores deba ser más subrayada que la de sus jefes; sí cabe empero señalar que los retos y desafíos de estos son cada día mayores.
En todo caso y si el lector asiente, las posibles incompetencias específicas de unos y otros habrían de ser, en lo que resultara posible, neutralizadas por la oportuna, inmediata, formación; pero volvamos a los memes. En sintonía con las realidades que nos circunden, tal vez debamos cuestionar los memes con que nos crucemos, antes de incorporarlos a nuestro acervo; aunque conviene recordar que acaso no se sujetan tanto al criterio de cierto y falso, o de bueno y malo, como al de las expectativas e intereses, explícitos o tácitos. Gracias por su atención. Quizá haya alentado la reflexión del lector interesado, que puede añadir sus comentarios.
José Enebral - Consultor Senior y especialista en formación y estrategia de Recursos Humanos