RRHH Press. El trabajo se convierte en el modo más eficaz por el que las mujeres pueden romper y salir del círculo de la violencia de género, ya que a través de su integración laboral logran organizar sus vidas, sentirse autosuficientes, autónomas y capaces de afrontar nuevos retos y proyectos personales. Esta es la principal conclusión que se extrae del estudio “¿Ayuda el trabajo a romper el círculo de la violencia de género?”, elaborado por Fundación Integra.A través de este informe, se demuestra que el trabajo aporta a las mujeres independencia económica, social, psíquica y emocional. Les permite salir del hogar, romper con el pasado, fomentar las relaciones personales, y les proporciona autoestima y seguridad en sí mismas.
Todas las mujeres que participaron en el estudio (44 años de edad media, con hijos, en su mayoría no pertenecientes a ningún grupo social, de diferentes nacionalidades y niveles socioeducativos y socioeconómicos) coinciden en haber sido sometidas a violencia psicológica. Además, el 86% afirma haber sufrido violencia física, el 50% violencia sexual y un 43% ha sido víctima de violencia económica.
Escalas de agresividad
Estas cifras vienen a constatar la opinión de los expertos, quienes señalan que la violencia se da en escalas de agresividad que va de un mínimo a un máximo, donde la mujer es finalmente víctima de todos los tipos de violencia. Por su parte, las mujeres consideran que la violencia psicológica es la que más les ha dañado, pues deteriora su integridad y mina su autoestima, el amor propio y la seguridad personal.
La duración de esta violencia es variable. Así, la mayoría de las mujeres aseguran haberla padecido un tiempo prolongado de sus vidas. El 37% afirma haberla sufrido entre 21 y 35 años; en el 28% de los casos, la violencia tuvo lugar entre 11 y 20 años; otro 28% soportó situación de violencia entre 1 y 10 años, y sólo el 7% de las mujeres manifiestan haber sido maltratadas menos de un año. Estas cifras confirman la enorme dificultad por parte de las mujeres para romper el círculo de la violencia, que, en su mayoría, se extiende durante muchos años de su vida. De ellas, un 86% denunciaron su situación, mientras que un 14% no lo hicieron.
Secuelas de la violencia
Las situaciones que vive este colectivo dan origen a importantes secuelas como la baja autoestima, la inseguridad, la depresión, la pérdida de interés por modificar su vida, la exclusión social, o la relación precaria con el mercado laboral. Un dato que aporta este estudio es que, cuando las mujeres trabajan fuera del hogar adquieren mayor protagonismo en la aportación de ingresos, pudiendo aumentar el riesgo de ser víctimas de diferentes tipos de violencia.
Inserción laboral
De este trabajo también se desprende que las relaciones que establecen estas mujeres con el mercado laboral de forma autónoma se caracterizan por la precariedad, situándolas en riesgo de vulnerabilidad social, limitando sus posibilidades de promoción y estabilidad laboral. Por lo que, en este sentido, es importante la intervención de las entidades que realizan intermediación laboral con este colectivo, ya que permiten que estas mujeres accedan a trabajos normalizados y logren su permanencia en ellos favoreciendo su inclusión social. Igualmente, estas mujeres necesitan pasar por un itinerario de inserción personalizado para lograr mantenerse en un trabajo estable, es decir, necesitan sentirse acompañadas.
Un 80% de las mujeres entrevistadas han logrado salir de esta situación, mientras que el otro 20% no lo ha logrado debido a la violencia psicológica que sigue ejerciendo su ex – cónyuge a través de los hijos. Aquellas que han logrado integrarse en la sociedad laboralmente afirman sentirse más felices, más plenas y libres. El estudio apunta que las capacidades que han desarrollado estas mujeres al enfrentarse a su realidad y salvar gran número de obstáculos para romper el círculo de la violencia que han sufrido, se han convertido en fortalezas al insertarse en el mercado laboral.