love my bossRecursos Humanos RRHH Press – Todos aquellos que crean ser directivos de mentalidad fuerte, inmunes a los halagos en su toma de decisiones, que piensen en ello una vez más. Un nuevo estudio pone de relieve que adular o pelotear al máximo directivo de una empresa puede suponer un riesgo para la propia empresa y para el trabajo de su alto directivo.

Y es que el impacto de aduladores y pelotas sobre la empresa y su máximo directivo puede ser significativo, tanto como para aumentar un 64% las posibilidades de ser despedido.

Este curioso estudio, titulado “Prepararse para la caída: los insidiosos efectos de los halagos y la conformidad de opiniones en los líderes corporativos” y elaborado por un equipo de investigación de la Kellogg School of Management (Northwestern University) y de la Ross School of Business (Michigan University), ofrece un punto de vista único sobre el impacto de la adulación en los altos ejecutivos, un aspecto poco estudiado del desempeño corporativo.

Según Ithai Stern, profesor adjunto de management y organizaciones en la Kellogg School of Management y uno de los autores del estudio, “la mayoría de las investigaciones sobre influencias interpersonales se centran en las personas que realizan los halagos, por lo que hay pocos estudios sobre el impacto de los halagos en la persona que los recibe”.

El estudio, co-realizado por el profesor James Westphal y el estudiante de doctorado Sun Hyun Park, ambos de la Ross School of Business, explora lo que los autores describen como “las consecuencias potencialmente negativas para los líderes corporativos de ser sometidos a altos niveles de adulación en forma de halagos y conformidad con sus opiniones por parte de otros directivos y miembros del comité de dirección”.

Los investigadores encontraron un patrón que comienza con los subordinados elogiando a su jefe o alineándose con la opinión de este sobre la estrategia de la empresa, incluso estando en desacuerdo con él. Cuando el desempeño empieza a verse afectado, los subordinados mantienen sus elogios y apoyo hacia su jefe. Por ello, el alto directivo mantiene su convencimiento de que la estrategia seguida es la correcta, y mantiene sus decisiones.

Cuando el consejo de administración espera cambios en tiempos de bajo desempeño, y estos no llegan, el alto directivo podría ser despedido, víctima de la adulación.

“Una vez la auto-mejora se incrementa, la probabilidad de hacer cambios en la estrategia de la empresa en respuesta al bajo rendimiento se reduce. Este es el quid de la cuestión, asegura Stern.

Stern y sus colegas llevaron a cabo estudios con CEOs y con las personas que les reportaban. Los investigadores combinaron esa información con datos sobre el rendimiento de las empresas, relativos a decisiones sobre publicidad, inversiones en I+D, compras… Como resultado, encontraron una fuerte correlación entre los halagos y un pobre desempeño.

Para evitar las trampas de los halagos, Stern recomienda que los altos directivos pidan opinión a otros colegas, no a los subordinados. “A todos nos gusta ser halagados, pero cuando ejerces el poder, saber como tomar los halagos con un punto de sal es crucial. Busca los puntos de vista de gente que no dependa de ti para su trabajo, gente inteligente que será sincera contigo”.

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