imagen de la noticiaRecursos Humanos RRHH Press - Crisis, EREs, precariedad laboral, reestructuración, reforma, contrato basura, eternos becarios… son algunos términos que a todos nos suenan y que forman parte de la evolución laboral de nuestro país.

Es evidente que hay -o ha habido- una crisis mundial que España ha acusado fuertemente, pero, ¿hasta qué punto parte de lo que está pasando actualmente en nuestras empresas no está terminando de desgajar el país? Ante la ya famosa y “recocida” crisis, el país ha tomado unas medidas -reforma laboral, reforma de la sanidad, reforma de la jubilación… ¡tenemos un país puntero y reformista!- poniéndolas al alcance del empresario y dándole a él la opción de aplicarlas casi con total libertad.

¿En serio una gran multinacional necesita esos EREs devastadores? ¿En serio necesitan esos contratos basura y becarios de 35 años? El empleo prometido a nuestros profesionales, aquel en una buena empresa, bien remunerado, satisfactorio, retador, con grandes benéficos sociales -nuestras multinacionales se preocupan por nosotros-, para el que nos hemos preparado y sacrificado, consiguiendo de esta forma los más altos niveles de formación, se ha reducido a dudosos contratos formativos de 400 euros -con suerte-, que solo pueden ser definidos como miserables y que, no solo son permitidos por el país, sino que, además, son fomentados por este.

Contratos humillantes y precarios que están impulsando nuestro talento hacia países con una histórica escasez de profesionales cualificados. En 2010 Alemania demandaba 800.000 profesionales españoles de los sectores sanidad, ingeniería, docencia, turismo y hostelero -el corazón de nuestro país-. Esto suponía un 27% más que el año anterior, según un informe del Instituto de Mercado de Trabajo e Investigación de Empleo (IAB) de Nuremberg, haciendo que creciese su economía un 2,2% del Producto Interior Bruto respecto a los tres meses anteriores, el mayor impulso desde la reunificación del país hace 23 años; y el Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW) auguró un crecimiento del 1,3% para el 2012. Está previsión quedó calificada de modesta cuando en el primer trimestre del 2012 registró un crecimiento del 0,5%, suponiendo un crecimiento unas 5 veces superior a lo que estaba previsto para dicho trimestre, y finalizando el 2012 con un crecimiento del PIB del 0,7%.

Hoy por hoy, en el primer trimestre del 2013 se ha registrado un nuevo crecimiento del 0,1%, fomentado gracias a las contrataciones de finales de 2012, según datos de Oficina Federal de Estadística (Destatis). Todos conocemos las cifras españolas.

Ahora mismo encontramos que el considerado tradicionalmente como país puntero en tecnología industrial e innovación está comprando, por debajo de coste de formación y fabricación, el capital humano e industrial producto de la desmantelación de nuestras fábricas. Y nuestro país se lo está dando. Cada medida, cada nueva reforma y cada nueva presión por su parte hace que germine el miedo entre nuestros profesionales, que ante la cifra del paro cada vez más elevada anticipan una medida desesperada de evasión de nuestro país.

¿Hasta qué punto esta crisis nos ha hundido y hasta qué punto nos estamos enterrando en el barro nosotros mismos? Ya no es solo una fuga de talento, sino que, además, estamos sufriendo y aceptando una desindustrialización aplastante a todos los niveles. Nosotros mismos estamos regalando nuestros principales activos. Recortes en educación, recortes en sanidad, recortes laborales, privatizaciones devastadoras… Nos estamos convirtiendo en un país sin profesionales, definiéndonos a nivel mundial por tener mano de obra barata: Somos la nueva China.

Hace 20 años la industria española reestructuró su modelo productivo trasladando sus fábricas a países donde, por el bajo coste de la mano de obra, el precio de la producción era tan pequeño que el empresario, con la comercialización del producto, sacaba grandes beneficios. Hasta hace dos años, nuestros comercios han estado saturados de productos “made in China”. Actualmente, cada vez más, se ve el orgulloso letreo de hecho en España, y nosotros, humildes consumidores, nos maravillamos y enorgullecemos de nuestra marca, de nuestro comercio, de nuestro producto, sin ver que lo que hay detrás es una maravillosa reforma que ha hecho que seamos “ganado” barato.

Nuestros profesionales tienen miedo, estamos ante un drástico recorte de sus expectativas que ha provocado un derrumbe de su identidad personal, una identidad que en su conjunto nos define como país, y esta inseguridad se ha convertido en campo de recolección para países coma Alemania, Austria, Suecia o Dinamarca, que vienen a España a reclutar. Países con una escasa, por no decir nula, formación universitaria de su población y que hasta 2010 encontraba su magro sustento en su propia mano de obra no cualificada. El consejero comercial de la Embajada de Austria en España, Michael Spalek afirma que “con una tasa de paro del 4%, Austria precisa profesionales. No queremos atraer a miles y miles de españoles, sino a personal muy cualificado, ingenieros industriales e informáticos, sobre todo técnicos”

No solo no estamos creando una estructura productiva adecuada ni beneficiándonos de ella, sino que la estamos cediendo, facilitando e impulsando gustosamente hacia otros países. Las medidas tomadas tan libremente por el Gobierno, las multinacionales y los profesionales nos pasan factura. Desgajamos el país del que estamos tan orgullosos, cedemos ante las ilusorias medidas de presión de una Europa en realidad dirigida por Alemania y nos destruimos aplicando en nuestra empresa unas condiciones laborales que no solo no suponen algo de lo que estar orgullosos, sino que generan en nuestros empleados resentimiento y malestar cuando deberíamos esforzarnos por generar lealtad.

olga toval

 

 

 

 

 

 

Olga Toval Sáiz - Técnico de desarrollo de personas

 

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