Recursos Humanos RRHH Press. Hace poco más de un año tuve la oportunidad de participar en un interesante encuentro organizado por Corresponsables para debatir en torno al reto de conectar la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) con la educación.
Se hablaba de la transmisión de la RSE desde la educación primaria, de la enseñanza de actitudes y valores responsables desde una edad temprana y, en relación al entorno universitario, del reto de integrar la visión de la RSE de manera transversal en toda la enseñanza de este nivel, yendo más allá de los contenidos de una sola asignatura o, incluso, de un título.
Un año después, y tras la corta pero intensa experiencia de poner en marcha el máster universitario en RSC de la UOC, recojo y subscribo estos titulares, añadiendo nuevas reflexiones derivadas de mis primeras impresiones acerca de este tema. Es evidente que los retos siguen siendo importantes.
Para tener cierta visión retrospectiva, nos podemos ir al año 2010, cuando, desde el Consejo Estatal de la RSE (CERSE), el Grupo de Trabajo sobre Educación, Formación y Divulgación de la RSE empezaba su informe de conclusiones hablando de la importancia de la responsabilidad a partir de las lecciones de una crisis financiera y económica mundial que entonces se mostraba con toda contundencia en nuestro país.
Desde la política y desde el mundo empresarial se hablaba entonces de reformar un sistema que, cinco años después, no solo no parece haber cambiado, sino que ha agudizado algunas de sus contradicciones. Mi impresión es que no parece que, en términos genéricos, el mundo académico haya reaccionado especialmente a las consecuencias de la crisis, aportando bien poco a la reflexión sobre las alternativas necesarias. Existen excepciones, pero parecen particulares y movidas por determinadas ideologías, que no surgidas de una propuesta sistémica.
En los propósitos del 'Decenio de Educación para el Desarrollo Sostenible' de Naciones Unidas para el periodo 2005-2014 se destacaba el deber de los Estados en incorporar la responsabilidad en los sistemas de educación reglada, destacando también a la formación profesional. Se podría decir que el panorama en este sentido ha mejorado algo en los últimos años, con la incorporación de la responsabilidad o los temas vinculados a la ética personal y profesional en gran parte de los planes de estudio de nuestro sistema educativo y la emergencia de nuevos títulos (especialmente másteres propios y universitarios) dedicados específicamente al tema.
No obstante, algunas realidades señalan que, en muchas ocasiones, existe el riesgo de acabar instrumentalizando el concepto de responsabilidad, vaciándolo de contenido. En el caso de los contenidos y las competencias transversales ligadas a asignaturas dentro de los títulos, quizá por la falta de formación o tiempo por parte del profesorado para poder avanzar con garantías en este campo.
O en el caso de los títulos específicos de RSE en el ámbito universitario, porque en muchos casos siguen teniendo una visión excesivamente sesgada a la respuesta determinada de una necesidad concreta: ya sea una visión desde un punto de vista más organizacional, más ingenieril, más enfocada a la gestión medioambiental, a la dirección de personas, etcétera.
También, en ocasiones, porque sigue sirviendo a las propias universidades como palanca de apoyo a determinados comportamientos del sistema empresarial y económico. Así, si se habla de 'Greenwashing' para algunas formas equivocadas de entender la RSE en determinadas organizaciones y contextos, también se podría hablar en términos similares para determinadas propuestas académicas.
Falta quizá una apuesta más decidida por la reflexión, la investigación y las propuestas en torno a la responsabilidad desde el ámbito educativo, en todos los niveles. Así, en las primeras etapas todavía hace falta profundizar en el conocimiento de aspectos que permitan un desarrollo igualitario de todas las personas, así como no olvidar la importancia de los principios éticos, necesarios para encaminarnos hacia una cultura donde el pensamiento crítico pero también el diálogo tengan más peso.
Y, quizá en las etapas más avanzadas, es necesaria más reflexión acerca de la formación de profesionales responsables, ampliando la idea de los conocimientos y competencias más específicas de cada ámbito para incluir también una concepción más humana del desempeño profesional.
Quizá en este sentido, el ámbito de conocimiento de la organización de empresas tenga todavía un largo camino por recorrer, empezando por su vertiente investigadora.
En definitiva, los retos siguen siendo importantes, y de la misma forma lo sigue siendo el reconocerlos y el tenerlos en cuenta cada cierto tiempo, siempre -a mi parecer- desde una perspectiva lo más constructiva posible.