Redacción. El 82,9 % de los españoles asegura dormir mal a causa del estrés, según revela el Estudio de Salud y Estilo de Vida de Aegon, publicado con motivo del Día Mundial del Sueño.
El informe, que ya se encuentra en su octava edición, pone de relieve con este dato una relación directa entre la tensión emocional y la calidad del descanso en la población.
El 80 % de los encuestados reconoce haber sufrido estrés en el último año, con una incidencia especialmente alta entre personas de 18 a 40 años, mujeres, personas cuya situación económica ha empeorado y quienes declaran peor salud emocional. Entre ellos, más del 20 % sufre estrés de forma frecuente, la cifra más elevada desde 2022.
Las consecuencias del estrés sobre el sueño son concretas: el 58,6 % de los encuestados presenta dificultades ocasionales para dormir y el 24,3 % las sufre con regularidad.
Sin embargo, el 61,4 % de la población no adopta ninguna medida para mejorar su descanso. Solo el 38,6 % restante recurre a rutinas regulares, ejercicio físico, infusiones naturales o la reducción de cafeína y alcohol.
Personas más expuestas al estrés y causas
El perfil de los más afectados no es uniforme. Las mujeres y quienes se consideran emocionalmente más vulnerables concentran las mayores dificultades; entre estos últimos, el 51 % reporta problemas frecuentes de sueño. Los jóvenes de entre 18 y 25 años muestran algo más de resistencia, aunque no están al margen del problema.
En cuanto a los desencadenantes, las dificultades laborales encabezan la lista (39,2 %), seguidas de los problemas económicos (38,3 %) y las tensiones familiares o sociales (34,3 %), con mayor presencia entre la población activa.
La distribución geográfica también es desigual. Islas Baleares, Cantabria, Castilla y León y Comunidad de Madrid registran tasas de afectación superiores al 86 %. Por el contrario, Asturias se sitúa en el extremo opuesto, con un 43,9 % de personas que afirma no haber experimentado estrés en el último año.
El estrés lastra la felicidad y la satisfacción vital
El estudio subraya, además, el impacto del estrés sobre la percepción subjetiva del bienestar. Quienes lo padecen valoran su estado emocional con una nota de 7 sobre 10, frente al 8,64 de quienes no lo sufren.
Por su parte, la satisfacción vital de las personas estresadas es de 6,72 puntos, frente a los 8,09 de los no estresados, y el porcentaje de quienes se declaran muy felices es del 68,3 %, comparado con el 95,1 % de los no estresados.
Por último, pese al aumento generalizado de la tensión, la disposición a actuar ha retrocedido: más del 58 % no toma ninguna medida para combatir el estrés, frente al 49,8 % del año anterior.
Entre quienes sí intervienen, las estrategias más habituales son los cambios de hábitos, las actividades de ocio y la suplementación, aunque todas ellas han perdido terreno respecto a ediciones anteriores del informe.
