Recursos Humanos RRHH Press - El cierre del sitio web de intercambio de contenidos Megaupload por las autoridades de Estados Unidos es una muestra, según Esade Business School, del conflicto existente entre la industria del ocio y entretenimiento y la de tecnologías de la información y de las comunicaciones en Internet.
Según Carmenchu Buganza, profesora de la Facultad de Derecho de Esade, la clausura de Megaupload obliga a plantearse “si la propiedad intelectual puede limitar la creación de nuevas tecnologías o, en su caso, someterlas a un estricto control que suponga una limitación a otros derechos, incluyendo la libertad de expresión, de comunicación o de creación”.
Aunque los propietarios de los derechos de propiedad intelectual piden leyes más severas contra actuaciones que impliquen infracción de estos derechos, Buganza asegura que el problema radica en que “determinadas acciones no suponen en sí mismas una vulneración de derechos de propiedad intelectual y en algunos casos la dificultad consiste en identificar al responsable”.
También las empresas comparten contenidos legales
Por su parte, Marc Cortés, profesor de Marketing de Esade, afirma entender las razones que llevan a cerrar una página web que compartía contenidos sometidos a la propiedad intelectual y que, además, cobraba por este servicio, pero señala que “a través de esta plataforma también se podían compartir contenidos entre empresas con sus clientes, que son perfectamente legales”.
Además, este experto en Marketing cree que el cierre de Megaupload no servirá de nada, “ya que mañana se creará otra nueva plataforma”.
Innovación en peligro
Para Buganza la respuesta ha de ser negativa: “la herramienta es neutra y no puede ser eliminada o limitada, ya que ello pondría en peligro el desarrollo y la innovación, atacando directamente a derechos fundamentales”.
En este sentido, opina que el conflicto está en el uso que se hace de este tipo de sitios web. Por ello es partidaria de imponer medidas de control y vigilancia para proteger los derechos de propiedad intelectual, “aunque ello suponga una disminución de los derechos de las personas”, explica.
Cortés opina que “habría que trabajar en cuál debe ser el modelo para poder compartir información, y no tanto en plantear cómo gestionar las plataformas”. En este sentido, “la protección de los derechos y el modelo de negocio se tienen que enfocar de manera diferente, ya que el actual provoca situaciones como, por ejemplo, que, si yo tengo un libro en papel y se lo dejo a otra persona, nadie me cobra por esto, y, en cambio, me lo impiden con un libro digital”.
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