2026: el año de la productividad por hora (no por horas)

Inevitablemente, cada vez que en el calendario cambia el dígito que señala los años nos sentimos, de algún modo, renovados, y aprovechamos que el cuentakilómetros vuelve a indicar cero para formularnos nuevos y mejores propósitos de cara al año entrante. Es algo que funciona tanto en la esfera personal como en la laboral.

Y en esa carta a los Reyes Magos que empresas y profesionales nos hemos hecho de cara a 2026, la productividad debería estar a la cabeza de la lista de deseos. Solo que, si nos portamos realmente bien como organización y hacemos las cosas como deberíamos hacerlas, ese incremento del rendimiento, tanto personal como colectivo, no debería obtenerse a costa de trabajar todas las horas del mundo, como ha venido sucediendo tradicionalmente en la empresa española, sino únicamente las justas y necesarias. Eso sí, con un matiz importante: las justas y necesarias, pero bien trabajadas.

Calidad, más efectiva que cantidad

Las evidencias acerca de que, en lo concerniente a tiempo de trabajo, la calidad es mucho más efectiva que la cantidad son abrumadoras. Islandia fue uno de los países pioneros en comprender esta realidad, y en 2019 ya puso en marcha un entonces muy transgresor programa piloto de semana laboral de cuatro días con resultados muy alentadores.

Seis años más tarde, aquellas pruebas se han visto refrendadas por un panorama laboral en el que el 90 % de los islandeses han pasado de 40 a 36 horas semanales sin que la productividad de sus empresas se haya visto mermada.

También Alemania completó a finales de 2024 un piloto en este sentido. El gobierno del país centroeuropeo baso la experiencia en el principio 100-80-100 (100 % del salario, 80 % de horas de trabajo y 100 % de rendimiento). El resultado no pudo ser más elocuente: el 73 % de las empresas que participaron en el experimento aseguraron que no querían regresar a la jornada de cinco días.

En España, la reducción de jornada a 37,5 horas semanales planteada el año pasado por el Gobierno no pasó el corte parlamentario. Pero eso no impide que cada vez más empresas pongan en práctica sus propios sistemas de medición de la productividad no en función del número de horas que sus profesionales pasan ante el ordenador y resto de medios productivos de la organización, sino del aprovechamiento que hacen de ese tiempo de trabajo.

Pedagogía y btecnología

Las compañías disponen de dos herramientas principales para ayudar a sus empleados a gestionar mejor su tiempo. Una es la pedagogía. Una jornada de trabajo está compuesta por una serie de tareas, un método para organizarlas y un tiempo limitado para ejecutarlas. Respecto a las tareas, ni todas ellas tienen la misma importancia o urgencia, ni son igualmente productivas ni aportan idéntico valor.

El verdadero reto consiste en ayudar a los empleados a discernir entre aquellas tareas realmente significativas, prioritarias y valiosas de aquellas que no lo son tanto o que no lo son en absoluto, y en apoyarles para puedan poner su foco y su tiempo en las primeras en lugar de en las segundas.

Por lo que se refiere al método, no existe un único modelo, y la única premisa es que el sistema elegido permita aplicar un cierto orden y disciplina a las dinámicas diarias, evitado las distracciones y a los ladrones de tiempo.

Sea cual sea esa metodología, sí es fundamental que el trabajador tenga muy claro qué es lo que se espera de él, y que esa expectativa de desempeño se explicite en metas específicas y medibles -los conocidos como objetivos SMART-.

En ese sentido, el trabajo por objetivos, propiciado por el auge del teletrabajo, supone un importante avance en esa búsqueda de la calidad frente a la cantidad en términos de tiempo de trabajo.

La segunda de las herramientas con las que cuentan las empresas es la tecnología. Hoy, la digitalización y los nuevos desarrollos de software son el aliado perfecto para la optimización de las jornadas laborales.

Por un lado, las tecnologías exponenciales y la analítica de datos facilitan la automatización de numerosas tareas de escaso valor añadido, lo que permite a los profesionales centrarse en aquellos otros trabajos 'core' en los que realmente su talento puede marcar la diferencia.

Por otro lado, aplicaciones de medición de tiempo de trabajo, desempeño y productividad, como las de WorkMeter, posibilitan hacer un seguimiento en tiempo real de cómo se están usando los distintos recursos y con qué efectos, lo que redunda en mejores niveles de autoconocimiento y autonomía por parte del profesional, y mayor agilidad a la hora de introducir mejoras en las dinámicas laborales.

No se trata simplemente de quitarle horas al reloj laboral, sino de que esas horas, sean las que sean, valgan realmente la pena.

Trabajar menos horas o, al menos, no trabajar de más­, va a repercutir positivamente en la conciliación, bienestar y salud del profesional. Trabajar menos horas, pero mejor trabajadas tendrá, además, un impacto en su autoestima, rendimiento, satisfacción y posibilidades de crecimiento.

Joan Pons, CEO de WorkMeter

Joan Pons

 

 

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