Redacción. Check Point Software, proveedor global de soluciones de ciberseguridad, ha alertado sobre cómo la inteligencia artificial (IA) generativa está transformando la manera llevar a cabo ataques de ingeniería social y phishing.
Lo que antes requería tiempo, investigación y esfuerzo manual por parte de los ciberdelincuentes, ahora puede generarse en cuestión de segundos. El resultado se traduce en mensajes hiperpersonalizados, voces de directivos clonadas e, incluso, suplantaciones en vídeo que se asemejan mucho a la realidad.
Los deepfakes representan en un riesgo real para las empresas. De hecho, ya se han registrado incidentes que han provocado pérdidas millonarias y graves interrupciones operativas en organizaciones de todo el mundo.
Al mismo tiempo, en las plataformas de colaboración que utilizan las empresas a diario, verificar la identidad de quien está al otro lado es cada vez más complicado. La clonación de voz y rostro en tiempo real está eliminando muchas de las señales de alerta tradicionales, lo que dificulta detectar una estafa a simple vista.
Error humano, vulnerabilidad más explotada
En este nuevo contexto, las compañías necesitan reforzar sus defensas y actualizar sus programas de concienciación para adaptarse a un panorama de amenazas cada vez más rápido, multicanal y sofisticado.
Aunque la tecnología evolucione, los ciberdelincuentes siguen aprovechando el mismo punto débil de siempre: las personas. El error humano continúa siendo la vulnerabilidad más explotada en la cadena de seguridad.
La inteligencia artificial permite a los atacantes escalar campañas de ingeniería social de forma simultánea en múltiples canales y prácticamente en tiempo real.
Uno de los casos más llamativos ocurrió en Hong Kong, donde engañaron a un empleado del departamento financiero durante una videollamada grupal en la que aparecían supuestos ejecutivos de la empresa generados mediante deepfake. La conversación parecía tan real que el trabajador autorizó una transferencia de entre 25 y 26 millones de dólares.
En contraste, un intento de fraude similar contra Ferrari terminó frustrado. Durante una llamada en Microsoft Teams con un supuesto CEO, un empleado decidió hacer una simple pregunta de verificación de identidad. Ese pequeño gesto fue suficiente para desenmascarar la estafa y evitar el fraude.
Asimismo, las técnicas de deepfake utilizadas hasta ahora en estafas románticas o falsas ofertas de empleo están empezando a trasladarse al entorno corporativo. En un contexto donde las decisiones deben tomarse rápido y las señales de confianza son limitadas, el riesgo aumenta.
El phishing se hace multicanal
En el caso del phishing, este ya no se limita al correo electrónico. Los modelos de lenguaje permiten generar mensajes extremadamente creíbles que imitan a directivos, compañeros o proveedores utilizando un contexto real.
Los atacantes pueden crear decenas de versiones en minutos y distribuirlas por correo, chat, llamadas o videoconferencias.
A medida que la IA mejora la calidad del lenguaje, señales tradicionales como errores ortográficos o frases extrañas desaparecen, por lo que los empleados deben aprender a verificar la identidad y la intención de quien realiza una solicitud, en lugar de confiar únicamente en estas pistas.
Adoptar hábitos para detectar fraudes
Ante este nuevo escenario, Check Point Software recomienda adoptar hábitos sencillos pero sistemáticos que ayuden a frenar los intentos de engaño impulsados por IA.
Entre ellos, la compañía aconseja realizar simulaciones multicanal -incluyendo correo electrónico, SMS, herramientas de colaboración y llamadas de voz-, establecer protocolos de verificación -como confirmar transferencias o cambios bancarios mediante un segundo canal independiente-, impulsar campañas internas sobre riesgos de la IA -actualizadas regularmente con nuevos ejemplos- y analizar los niveles de riesgo dentro de la empresa, con el fin de identificar los departamentos o perfiles más vulnerables para reforzar la formación.
La inteligencia artificial ha permitido escalar y mejorar los ataques de phishing, reduciendo el margen de reacción de los empleados. Por ello, la defensa ya no depende únicamente de la tecnología, sino también de crear hábitos de verificación y concienciación en toda la organización.