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Hay quien dice que la Experiencia de Empleado (EX) es una moda. Es cierto que el término empieza a estar en boca de todos, pero su significado no lo es -o no debería serlo- ante un contexto en el que la transformación de las empresas no es una opción, y en el que los empleados esperan y necesitan mucho más de sus trabajos y de sus carreras profesionales.

Si bien es cierto que algunas compañías empiezan a ver la Experiencia de Empleado como una gran ventaja competitiva, en la mayoría de los casos nos encontramos con organizaciones que ven la Experiencia de Empleado con recelo, o bien que optan por implantar soluciones para aumentar el compromiso o la satisfacción de forma puntual, en vez de dar voz a los empleados y ofrecerles aquello que les gustaría vivir durante su experiencia y relación -desde la entrada hasta la salida- con sus compañías.

Sé lo que mis empleados necesitan

En este sentido, es necesario que la Experiencia de Empleado sea comprendida como un modelo integral de gestión de personas que parta de lo que viven y sienten los propios empleados -incluso antes de que se incorporen a la organización- y que nos ayude a tomar soluciones a medida con impacto a largo plazo de la experiencia que vive el empleado. Se trata de actuar para lograr un cambio real que nos permita obtener mejoras, resultados y beneficios tanto para los empleados como para la compañía.

Ahora bien, ¿estamos preparados para escuchar qué viven hoy nuestros equipos? ¿saber en qué momentos clave hemos fallado? ¿identificar qué es lo que más valoran de nuestro modelo de relación con ellos?

Hacer tangible lo intangible

Conocer el grado de satisfacción o vinculación de nuestros empleados puede ser útil, pero, para que esto tenga algún efecto y no se quede en un cajón guardado, saber qué viven (hechos objetivos) y sienten (percepciones subjetivas) los empleados será clave para, así, poder crear planes de acción concretos que nos permitan personalizar al máximo su experiencia y estar presentes en cada momento clave de su Employee Journey o recorrido del empleado en la compañía.

Para lograrlo, solo será posible si tangibilizamos lo intangible, es decir, si medimos aquellos momentos y hechos que tienen mayor y menor importancia para los empleados -los llamados Momentos de la Verdad- y los correlacionamos con el impacto que tienen en los indicadores de negocio. De esta forma, podremos obtener palancas de actuación que serán decisivas para poder mejorar ese impacto.

¿Quién es responsable de la EX?

Para hacer realidad este modelo que dé repuesta a las necesidades de los empleados, debemos comprender que la Experiencia de Empleado no es solo responsabilidad del departamento de RRHH, sino que es cosa de todos. Por ello, también afecta a los que se encuentran en cargos de responsabilidad y que, de hecho, su rol es clave para generar una experiencia WOW, tal y como se extrae del primer Índice de Medición de Experiencia de Empleado publicado por Lukkap.

Nadie dijo que ofrecer una Experiencia de Empleado WOW sea fácil. Requiere de un trabajo intenso y de cambio que solo se logra con la transformación de la relación entre empleado y compañía.

Y es que, para conseguirlo y alcanzar este cambio, no hay parches o soluciones a corto plazo que valgan. La transformación solo se hace realidad a partir de las personas.

Porque si realmente queremos llevar este modelo a nuestra organización y afrontar el futuro de forma diferencial, no nos queda otra que enfocarnos en aquellos que tienen que llevar el cambio desde el centro de la toma de decisiones y de la estrategia de la compañía: nuestros empleados.

Lara Fernández

Lara Fernández
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