Redacción. Los prejuicios sociales y los estereotipos de género son los principales obstáculos que impiden a las mujeres la creación real de negocios.
Así se desprende de un estudio realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Sevilla, en el que destacan las profesoras Inmaculada Jaén y María José Rodríguez, sobre los factores que perpetúan la baja proporción de mujeres emprendedoras en comparación con los hombres.
Utilizando datos de un proyecto investigador liderado por el profesor Francisco Liñán, el estudio revela que los hombres tienen una mayor probabilidad de materializar sus proyectos de negocio que las mujeres, y que la principal razón de esta disparidad son las barreras sociales impuestas por los estereotipos de género.
Desconfianza de inversores, clientes y socios
Debido a que el estereotipo del emprendedor es predominantemente masculino, las mujeres se enfrentan a prejuicios y desconfianza por parte de actores clave en las iniciativas de emprendimiento, como inversores, posibles socios o clientes.
Además, el estudio advierte que las propias mujeres pueden autolimitarse al anticipar las dificultades y la falta de apoyo social que probablemente encontrarán, lo que frena su potencial y su intención inicial de emprender.
En la investigación se apunta que, tradicionalmente, la actividad emprendedora se ha asociado con características socialmente consideradas masculinas, como la proactividad, la competitividad y la ausencia de miedo al riesgo, influyendo en la decisión de emprender de hombres y mujeres.
Dos fases clave en el emprendimiento
El estudio analiza el proceso emprendedor en dos etapas clave. En la primera, la fase cognitiva o mental, la expresión de género individual es el factor más influyente en la intención de emprender, no el sexo biológico.
Los investigadores encontraron que las personas con una expresión de género asociada a los estereotipos masculinos -como la proactividad y la competitividad- muestran una mayor intención de iniciar un negocio.
Curiosamente, aquellos con una expresión de género andrógina, que combina rasgos típicamente masculinos y femeninos (orientación a la tarea y a la empatía), son los que presentan la intención más alta, ya que perciben tener una gama más amplia de recursos para afrontar los desafíos del emprendimiento.
Sin embargo, la situación cambia drásticamente en la segunda etapa, cuando es el momento de crear realmente la empresa. Aquí, el sexo biológico se vuelve relevante, mientras que la expresión de género individual pierde su importancia.
Cambio social necesario
Los resultados de esta investigación no solo ponen de manifiesto la complejidad del fenómeno del emprendimiento femenino, sino que también subrayan la necesidad de un cambio social.
Los autores del estudio enfatizan que, para fomentar una mayor participación de las mujeres en el ámbito empresarial, se debe actuar sobre los estereotipos sociales asociados al emprendimiento.
Por ello, se apunta la necesidad de promover un entorno más justo, inclusivo y diverso que favorezca el potencial emprendedor de todas las personas, sin que los prejuicios de género les impidan convertir sus ideas en negocios reales.