imagen de la noticiaRecursos Humanos RRHH Press. Un estudio coordinado por Fernando García-Benavides, director del Centro de Investigación en Salud Laboral (CISAL) del Departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud (CEXS) de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona, y Antonia Domingo, investigadora del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), ha explorado la prevalencia del consumo de ansiolíticos y somníferos en una muestra de población activa española para evaluar si este consumo está asociado a factores de estrés en el trabajo.

Según informan desde la UPF y el IMIM, el estudio se ha elaborado a partir de los datos de la Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES) 2007. Los autores han analizado la distribución del consumo de hipnosedantes (ansiolíticos y somníferos) en el último mes, entre la población ocupada de edades comprendidas entre los 16 y los 64 años. Con los datos de 13.005 personas los investigadores han podido inferir su relación con factores de estrés laboral, factores tales como los entornos laborales nocivos o peligrosos, la precariedad, la carga de trabajo y el apoyo social.

Los resultados revelan que el consumo de hipnosedantes en la muestra estudiada y en el tiempo considerado para el estudio fue doble en mujeres que en hombres, doble entre las personas de más edad que entre los jóvenes y cuatro veces mayor entre las personas que informaron tener poca salud. En cuanto al estrés laboral y la relación con la toma de fármacos, el estudio revela una asociación entre el consumo de hipnosedantes y niveles de precariedad moderada, en hombres y en mujeres.

Por lo tanto, el estudio concluye que hay una alta prevalencia de consumo de ansiolíticos y somníferos (hipnosedantes) entre las mujeres y entre las personas mayores de 45 años, por lo que "sería necesario profundizar en el estudio de la relación entre el consumo de estos fármacos y la salud de los trabajadores, y sobre todo, en el papel que juegan los factores de estrés laboral en esta relación ", apunta García-Benavides.

El aumento del consumo de estas sustancias representa un importante problema de salud pública por su relación con el deterioro cognitivo y la ocurrencia de accidentes. Los autores añaden que un conocimiento más exhaustivo de los factores asociados a su consumo podría ser eficaz para desarrollar acciones preventivas.

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