Bienestar en el trabajo: ganan los trabajadores y las empresas

Redacción. Que las condiciones de trabajo afectan a la salud de los trabajadores no es ninguna novedad. El trabajo constituye un importante factor de riesgo para el bienestar físico y psicológico de los trabajadores cuando no funciona adecuadamente, pero también es un factor protector cuando se produce en las circunstancias correctas.

Entender esto a tiempo y tomar decisiones coherentes marca una importante diferencia en la salud de las personas y en el éxito de las empresas.

Cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha relevante si se tiene en cuenta la interacción entre trabajo y bienestar emocional. En primer lugar, es una relación que se debe tener en cuenta a nivel ético. Además, desde un punto de vista estrictamente corporativo, las empresas están entendiendo que la falta de inversión en prevención y cuidado del bienestar psicológico de sus empleados genera pérdidas millonarias.

Las empresas pueden mirar para otro lado, pero el descenso del rendimiento, las bajas médicas, el absentismo laboral y el deterioro de la reputación corporativa no salen gratis.

Responder a las necesidades de los empleados

Los tiempos cambian, y, con ellos, se transforman las necesidades y circunstancias de los trabajadores. La clásica idea de trabajar para una compañía que permita una adecuada conciliación entre el trabajo y lo que no es trabajo se ha sofisticado.

Actualmente los empleados no se fijan solo en que el sueldo o el horario tengan buen aspecto, sino que valoran el hecho de trabajar para una organización que se preocupe de manera explícita por proteger su salud y no emplearla como moneda de cambio para lograr de cualquier manera los objetivos.

Cuando esto no sucede, la motivación con las tareas desciende, el compromiso con la empresa disminuye, las relaciones dentro del equipo se enrarecen y los resultados de la compañía están lejos de ser los mejores.

Muchos trabajadores se replantean entonces sus carreras profesionales, a veces de manera drástica, como respuesta a un ecosistema laboral que no responde a lo que ellos necesitan ahora. Ahí está el fenómeno observado durante los últimos años, especialmente en Estados Unidos, de la llamada Gran Renuncia.

Otros empleados no toman esa dirección, pero permanecen en la empresa a medio gas, o al gas justo. No abandonan sus puestos, pero tampoco ponen en ellos todas sus capacidades. Es la llamada dimisión silenciosa o quiet quitting. Este fenómeno también dice mucho sobre su falta de bienestar psicológico y, por tanto, sobre las consecuencias que eso tiene para la empresa.

Invertir (o no) en el bienestar

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “a nivel mundial se estima que cada año se pierden 12.000 millones de días de trabajo debido a la depresión y la ansiedad, a un coste de un billón de dólares por año en pérdida de productividad”.

Esto quiere decir que la falta de estrategias eficaces de prevención de problemas de salud mental en el trabajo y potenciación del bienestar tiene unos efectos que pueden cuantificarse de manera concreta. También, según la OMS, “hay medidas efectivas que pueden prevenir los riesgos de salud mental en el trabajo, proteger y promover la salud mental en el trabajo”.

Por tanto, aquellas empresas que ponen en marcha servicios de bienestar emocional a disposición de sus empleados y adaptados a sus necesidades previenen estos efectos, y, además, salen reforzadas respecto a sus principales competidoras: se observan mejoras en el rendimiento de más de un 30 % y las horas de ausencia del trabajo disminuyen hasta un 50 %.

Llevar a cabo estos programas, de manera profesionalizada y continuada en el tiempo, es posible, y está resultando de enorme utilidad para proteger el recurso más importante que tiene cualquier compañía: las personas.

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