Formación en empresa

La conversación sobre el talento digital en las compañías suele partir de una premisa que hemos dado por sentada: no hay suficientes profesionales preparados y cualificados para cubrir las necesidades de las empresas. Sin embargo, en un contexto marcado por la carrera de la inteligencia artificial (IA) y la digitalización, conviene plantearse si realmente faltan profesionales o si, más bien, estamos ante un problema de adaptación que las organizaciones no están sabiendo gestionar.

Vivimos en un momento en el que la tecnología avanza más rápido que la capacidad de adaptación de las organizaciones y las personas, generando una mezcla de fascinación, vértigo y miedo al cambio.

Desde MIOTI hemos realizado un estudio sobre la «Percepción del ritmo de avance de la IA» donde se destaca que, en el ámbito emocional, un 30,5 % de los profesionales se siente inspirado y motivado a aprender más ante la irrupción de la IA, un 28,1 % admite que en ciertas ocasiones el avance de las nuevas tecnologías le genera ansiedad o sensación de no llegar, y un 13,3 % directamente se siente abrumado y se cuestiona si podrá alcanzar el ritmo que se le exige. Es decir, el progreso tecnológico convive con una creciente presión emocional.

Aprendizaje continuo, de ventaja competitiva a condición de supervivencia

Esta sensación de inseguridad se ha trasladado al plano laboral, donde un 41,4 % admite que siente la necesidad de aprender nuevas herramientas con rapidez para no quedarse atrás, mientras que un 39,1 % muestra miedo ante la idea de que la tecnología avance más rápido de lo que puede asimilar.

En este escenario, el aprendizaje continuo deja de ser una ventaja competitiva para convertirse en una condición de supervivencia, revelando una tensión constante entre las ganas de innovar y el miedo a quedarse obsoleto. Una dualidad que se ha convertido en el epicentro de la brecha del talento digital. No es casualidad que, cuando los profesionales sienten que pierden el ritmo, busquen apoyo en su entorno cercano o en comunidades informales antes que en los canales tradicionales.

Este comportamiento evidencia un cambio de fondo. El aprendizaje ya no responde a itinerarios cerrados ni a estructuras rígidas, sino que se vuelve continuo, compartido y, en muchas ocasiones, espontáneo. El conocimiento se construye en red, fuera de los marcos habituales, lo que obliga a las empresas a replantear su papel si no quieren quedar al margen de cómo se desarrolla hoy el talento.

Mirar hacia dentro: el nuevo imperativo para las organizaciones

Sin embargo, muchas organizaciones siguen abordando esta brecha desde una lógica equivocada, centrada en incorporar más perfiles, desplegar las mismas herramientas de e-learning para todas las áreas de la compañía o exigir mayores niveles de especialización, cuando el verdadero reto pasa por redefinir cómo se acompaña el aprendizaje dentro de la propia organización.

Ahora, las empresas necesitan mirar hacia dentro y asumir un papel más activo en el desarrollo del talento. No se trata solo de ofrecer formación, sino de replantear cómo se aprende en la organización. Integrar dinámicas colaborativas y acompañar de forma más cercana el desarrollo profesional serán factores clave para cerrar esta brecha.

También implica entender que el aprendizaje no es un proceso exclusivamente individual. El hecho de que muchos profesionales recurran a sus compañeros o a comunidades para ponerse al día evidencia que el conocimiento se está construyendo de forma cada vez más colectiva. Integrar estas dinámicas en la cultura corporativa puede marcar la diferencia entre organizaciones que evolucionan y otras que simplemente reaccionan.

En definitiva, la brecha del talento digital no se explica únicamente por la falta de perfiles, sino por un desajuste entre la velocidad del cambio y la capacidad de adaptación. Cerrar esa brecha no pasa solo por contratar mejor, sino por aprender mejor como empresa las necesidades de las personas. Y, sobre todo, por asumir que el talento no es un recurso que se encuentra, sino un activo en permanente desarrollo. 

Fabiola Pérez, CEO de MIOTI Tech & Business School

Fabiola Pérez

 

 

 

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