Redacción. La escasez de talento de alta cualificación será la principal barrera al crecimiento de las medianas empresas en los próximos diez años.
Así se desprende del informe "El laberinto del mid-market", investigación global elaborada por la firma de servicios profesionales Baker Tilly, que combina una previsión de escenarios hacia 2035 con una encuesta realizada a 1.500 altos ejecutivos de organizaciones del middle market en nueve mercados: Australia, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido y Estados Unidos.
En concreto, el estudio asegura que seis de cada diez ejecutivos consideran que la competencia por atraer y retener talento de alto nivel será el mayor freno durante la próxima década.
Además, la presión se agrava —según el informe— en áreas críticas y altamente especializadas, como la inteligencia artificial (IA), la ingeniería de redes eléctricas, la gestión de cadenas de suministro y la regulación.
Crisis de liderazgo por la automatización
En este escenario, el informe de Baker Tilly apunta un riesgo específico asociado a la automatización de los primeros escalones profesionales: más de la mitad de los directivos encuestados, el 57 %, prevé una futura crisis de liderazgo a medida que la IA transforme los puestos de nivel inicial e intermedio, debilitando las vías tradicionales de desarrollo de talento.
El estudio también recoge que el 68 % considera que los líderes que no sepan equilibrar tecnología y talento pondrán en riesgo a sus organizaciones, un diagnóstico que refuerza la necesidad de proteger trayectorias tempranas de desarrollo mientras se modernizan los procesos.
Por el contrario, como aspecto positivo, el informe apunta que en un mundo saturado de tecnología, el diferencial competitivo tenderá a reforzar lo humano. En este sentido, siete de cada diez líderes consideran que las organizaciones capaces de demostrar su "valor humano" serán las que tengan éxito y marquen la diferencia.
Por último, el estudio también aborda el liderazgo desde una perspectiva ética, destacando que el 73 % de los directivos encuestados considera que el liderazgo ético se convertirá en un diferenciador crítico durante la próxima década, aunque solo el 5 % identifica la toma de decisiones éticas como una de sus tres principales fortalezas personales.
Esta brecha refleja, según el estudio, una vulnerabilidad en un momento en que aumentan el escrutinio y la complejidad regulatoria.