RRHHpress. “Jack, tú y yo volamos en un avión de la empresa y nos estrellamos. ¿Quién debería ser el próximo presidente?”. Con esta pregunta el presidente de General Electric comenzó, en febrero de 1979, el proceso de selección de su sustituto en el cargo. En esta ocasión, el entrevistado era Jack Welch, que acabaría siendo el directivo seleccionado. También le pidieron que evaluara en cuatro puntos al resto de los candidatos: Capacidad de liderazgo, inteligencia, integridad personal e imagen pública. Esta fue la primera criba de las muchas que se realizaron a lo largo de los siguientes meses.¿Qué buscaba el anterior presidente en su sucesor? ¿Le importaba que fuera visto como un líder carismático? Resulta evidente que no era lo más importante, ni siquiera queda claro que un carismático hubiera sido la persona elegida. De hecho, en las siguientes entrevistas se le preguntó por los principales retos que pensaba que debía afrontar la compañía, además de una serie de informes entre los que se incluía lo que debían aportar como empresa a la sociedad. En ningún caso se planteó que fuese una figura mesiánica que tuviera una multitud de seguidores.
Existen algunos conceptos muy arraigados en la cultura popular que desvirtúan el verdadero significado de los mismos, entre ellos el de asociar a los líderes carismáticos con el de un gran líder que soluciona todos los problemas. Dejamos aparte de una forma deliberada a los líderes carismáticos de tipo religioso, ya que se trata más bien de una cuestión de fe que no vamos a tratar en este artículo.
Antes de abordar el tema conviene comentar que el carisma proyectado suele tener un plazo y un área de influencia determinado. Generalmente, se acaba adquiriendo carisma a través de los éxitos continuados en el tiempo y consiguiendo crear una especie de culto hacia la propia persona. Pensemos en cualquier personaje de la historia, en el momento de una gran victoria todos le ven como un gran líder de tipo carismático. Más tarde, a lo largo de los años, su “luz” se va apagando, llegando un momento en que apenas le quedarán unos cuantos seguidores que nunca le fallarán.
Carisma en la empresa
¿Qué aplicación tiene en el mundo de la empresa? ¿Es útil tener líderes carismáticos en la misma? El carisma es una cualidad que se adquiere con el tiempo, se puede estar más o menos predispuesto, tener unos atributos o características personales especiales, pero, que se sepa, nadie nace carismático. El concepto de persona carismática se basa, entre otras cosas, en las cualidades que sus seguidores le confieren. En ningún caso se trata de personas que pasen desapercibidas, generando atracción para unos y rechazo para otros, ambos en su grado más extremo.
Como algo positivo podrían aportar la confianza que inspiran y la facilidad con la que se ganan la simpatía, e incluso el cariño, de gran parte de las personas. Realmente, se manejan en el terreno emocional más que en el práctico. Otra cuestión es que su autoridad esté fuera de duda, no hace falta que diga dos veces las cosas para conseguir que se hagan. Pero cuando hablamos de líder carismático nos estamos refiriendo únicamente al grado de influencia que proyecta sobre las personas, dejando de lado las cuestiones relacionadas con el grado de preparación en todas las actividades, su experiencia y sus habilidades como directivo.
Retomemos el momento de la preselección de Jack Welch: ¿Qué puntos les interesaban para el nombramiento? Entre ellos se encontraban la inteligencia –por mi parte considero que para ese puesto hay que ser listo, astuto e inteligente- y la integridad personal. La capacidad de liderazgo y la imagen personal sí las cumple el líder carismático, las anteriores están por demostrar.
Los resultados mandan
El carisma no implica resultados, y en la sociedad actual, mientras no se demuestre lo contrario, es lo que manda en el mundo de la empresa. Si cumple sus obligaciones podrá seguir irradiando, emanando y proyectando toda la admiración posible hacia su persona; ¡pero que no deje de cumplir sus objetivos y compromisos! porque entonces toda la atracción se convertirá en rechazo. Sus seguidores se encuentran de alguna forma autosugestionados por su magnetismo, pero este no dura toda la vida, se nutre de entusiasmo. Hasta el mismo Drucker dudaba de la eficacia y eficiencia del líder carismático a medio y largo plazo. Los veía como personajes manipuladores y ególatras, que no admiten ningún tipo de crítica de sus seguidores.
Liderazgo ideal
El líder ideal es el que aúna los conocimientos del técnico y la influencia de los denominados carismáticos, pero de este tipo hay verdaderamente pocos, es lo que denominamos el liderazgo de tipo superior. Incluso el legendario Harold Geneen –antiguo presidente de ITT- comentaba lo siguiente sobre el carisma y la preparación: “Todo el mundo sabe que es un placer trabajar para alguien a quien se respeta y admira, y que, por el contrario, es un suplicio hacerlo para alguien a quien la decencia obliga a calificar con unos puntos suspensivos”. Comentario duro, tal y como era él.
En resumen, líderes carismáticos, sí, pero acompañados de la necesaria preparación técnica en todos los apartados. Según el mismo Geneen, este tipo de liderazgo representa el 80 o el 90 por ciento del éxito de una compañía. Cuando tengamos dudas en una elección, recordemos lo que los líderes de tipo técnico dicen sobre los autodenominados carismáticos: Sus capacidades disminuyen proporcionalmente al aumento de las responsabilidades que se les encomiendan.
Y usted, ¿Qué tipo de líder ficharía para su empresa?
Benito Díaz de la Cebosa - Especialista en Liderazgo y habilidades directivas