Recursos Humanos RRHH Press – IESE Business School ha celebrado esta semana en su campus de Barcelona la sesión del Programa de Continuidad ‘El fracaso del consejo de administración en la crisis y propuesta de cambios’, en la que se hizo referencia a la crisis de conductas, más que de técnicas o conceptos, que afecta a los consejos de administración de las empresas.
Jorge Soley, profesor del Departamento de Gestión Financiera de IESE y moderador de la conferencia, aseguró que el consejo de administración “es la pieza clave para la empresa y para la recuperación de la economía que todos deseamos”.
Según Soley, la actual crisis económica no es una crisis de falta de conocimiento, sino de comportamiento. “Los expertos creen que todos los aspectos técnicos podrían haber sido gobernables si no fuera por la crisis de conductas”, apunto el experto de IESE refiriéndose a los consejos de administración y destacando tres aspectos relevantes de su conducta que han conducido a esta situación: negligencia, codicia y mentira.
De igual manera, Soley indagó en los factores sociológicos del problema, afirmando que “cuando hablas con expertos en sociología, creen que es más fácil que ocurra esto en una sociedad en la que confluyen las tres corrientes ideológicas predominantes hoy en día: relativismo, individualismo y subjetivismo”.
“Tenemos un problema importante, pero se puede resolver, porque no tiene complejidad intelectual”, concluyó Soley.
El consejero éticamente profesionalizado
La sesión contó también con la participación de Aldo Oscese, presidente de Fincorp Mediación y académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras, quien enumeró las características que debe reunir un “consejero éticamente profesionalizado”: capacitación y experiencia, independencia, personalidad, formación continuada, información, dedicación, plazo de mandato, defensa del interés social, remuneración y ética.
Oscese remarcó, además, la importancia de la independencia intelectual del consejero, “aquella persona capaz de decidir conforme a su propio criterio basado en sus propios conocimientos”, y la independencia económica, para no depender excesivamente de la remuneración que recibe de ese consejo. “La defensa del interés social es el único interés por el que debe velar un consejero”, sentenció.
Por otra parte, el también profesor de IESE Alfredo Pastor hizo una comparación entre los consejeros “de antes” y los actuales.
Según Pastor, “los consejos de antes eran como un regalo. La obligación primera del consejero era mostrar su agradecimiento, no poniendo pegas y facilitando la tarea, evitando llevar la contraria”. Por el contrario, el consejero actual “es un administrador de la empresa, y para que pueda desarrollar su tarea con precisión, la empresa debe someterle a un proceso de inducción, que la conozca y sepa qué es importante y qué no”.
También se cuestionó Pastor hasta qué punto el consejero debe entender el negocio. “Es utópico pensar que un ejecutivo de alto nivel de un sector similar tendrá tiempo para dedicarse a un consejo, por lo que hay que equilibrar la capacidad profesional en el negocio con lo que pueda aportar el consejero”.
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