En los últimos diez años hemos visto cambios impresionantes en el mercado laboral, incluyendo la transformación tecnológica y las nuevas formas de trabajo.
Del mismo modo, podemos esperar grandes cambios para la nueva década, y los directivos y las empresas deben estar preparados para asumirlos.
Para poder afrontar la década de 2020 con éxito, es necesario que los líderes de las organizaciones se pregunten si sus empresas contribuirán al mundo en los próximos diez años, y de qué manera quedarán situadas para seguir siendo viables en 2030.
En primer lugar, ¿tiene mi organización un propósito claro que yo comparto? Es cada vez más importante para las organizaciones servir a todos sus stakeholders, incluyendo clientes, empleados, proveedores, comunidades y el propio planeta, no solo los accionistas.
En consecuencia, necesitan saber que tanto los beneficios como el propósito se pueden conseguir paralelamente, y que el propósito debe servir para todos los stakeholders.
Hay que ser auténtico ante los ojos de los stakeholders, ya que necesitan sentirse conectados e inspirados por este propósito. Es necesario ser algo más que unas palabras en blanco y negro en una pantalla, ya que, solo entonces, el propósito estará verdaderamente incrustado en el ADN de la compañía y generará valor en las próximas décadas.
En segundo lugar, ¿cómo de preparados estamos para atraer (y retener) a la siguiente generación de trabajadores? La composición generacional de los trabajadores cambia cada año, y mientras se realiza un enorme esfuerzo por saber cómo las empresas pueden atraer a los millennials, la Generación Z se ha pasado por alto.
No olvidemos que los millennials más mayores alcanzaron ya los 28 años en 2019, mientras que los mayores de la Generación Z llegaron a los 23 años, y pronto representarán el 30 % del mercado laboral.
¿Hasta qué punto conocemos a esta nueva generación de trabajadores? ¿Necesitamos adaptar nuestra forma tradicional de hacer las cosas para que nuestra empresa sea una opción de trabajo para ellos? ¿Cómo conseguiremos retenerlos una vez incorporados?
Y, por último, ¿cómo afectará la tecnología A nuestros empleados y sus funciones? Como líderes, una de las preguntas más importantes que debemos hacernos es cómo van a impactar la tecnología y la disrupción en nuestra gente y su trabajo.
Y esta disrupción tecnológica será generalmente positiva, aunque sabemos que comportará la pérdida de algunos roles en los próximos años, creando otros en su lugar. Por ello, los directivos deben identificar qué roles están en riesgo de automatización, ayudar a sus trabajadores a través de cambios y asegurarse de que están preparados para ello.
Si la última década nos ha enseñado algo, es que no podemos predecir el futuro. Nadie puede. Pero lo que sí podemos hacer es intentar preguntarnos las cuestiones más inevitables, en los momentos de más presión, incluso si no sabemos todas las respuestas de inmediato.
Haciéndolo, nos podremos situar en la mejor posición para liderar nuestras organizaciones en una nueva era de transformación.