Jóvenes usando un portátil

Redacción. Casi seis de cada diez españoles activos laboralmente, el 59,8 %, ya recurre o recurriría a la inteligencia artificial (IA) para investigar la reputación real de un empleador antes de enviar su currículum. El porcentaje asciende al 68,1 % entre los jóvenes de 18 a 29 años y al 71,6 % entre los profesionales con posgrado.

Así se desprende del informe La IA es el nuevo intermediario para vender, contratar, financiarse y rendir cuentas, elaborado por LLYC y Appinio a partir de 2.000 entrevistas realizadas en toda España durante el mes de abril.

Los datos desmontan la imagen del trabajador que reacciona con temor ante la irrupción de la IA en el entorno laboral. Ante dos ofertas de trabajo idénticas, el 45,3 % elegiría la empresa que integra herramientas avanzadas de IA por razones de productividad, frente a un 22,3 % que la rechazaría por miedo al control excesivo. Por cada empleado reticente, hay dos que la adoptan activamente.

Auditor empoderado

El cruce de datos del informe identifica un perfil emergente al que denomina auditor empoderado: profesionales que investigan a su futuro empleador con IA y que, simultáneamente, se sienten impulsados por esta tecnología en su actividad diaria. Este grupo representa ya el 46 % del mercado laboral activo.

Para el 67 % de estos "auditores", la madurez tecnológica de la empresa es un factor determinante a la hora de elegir dónde trabajar. En el extremo opuesto, quienes rechazan militantemente la IA o temen ser sustituidos por ella apenas suponen el 5,6 % del mercado.

Sin embargo, el informe detecta dos asimetrías que los responsables de recursos humanos deberán incorporar a sus planes de cambio. La primera es de género: aunque el miedo al control es similar en hombres y mujeres, en torno al 22 % en ambos casos, la disposición a abrazar la IA como acelerador profesional es notablemente mayor entre los hombres, 48,9 % frente al 41,4 % de las mujeres, y el temor a la sustitución también es algo mayor entre ellas, 10,3 % frente al 7,2 %.

La segunda asimetría es formativa: el miedo a perder el empleo por la automatización se concentra en los niveles educativos básicos: 19 % entre quienes tienen estudios primarios, frente al 4,7 % de los perfiles con posgrado, y en los tramos salariales más bajos: 17,6 % entre quienes ingresan menos de 1.000 euros al mes.

"La gran pregunta operativa para un director de talento ya no es solo qué dice su página de empleo, sino qué responde ChatGPT cuando un candidato le pregunta de forma directa por su cultura corporativa o sus salarios", señala Jesús Moradillo, director general de estrategia de IA en LLYC.

Por su parte, Teresa Martos, directora general de Appinio España, añade que "la responsabilidad de articular planes de upskilling recae directamente sobre el empleador. Si la IA se comunica internamente como una herramienta de control, despertará rechazo; si se plantea como un amplificador del trabajo propio, se activará el talento más productivo".

La gestión de la brecha formativa y salarial ante la IA se perfila, según los datos, como uno de los retos estructurales más urgentes para los departamentos de personas en los próximos años.

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