RRHHpress. Por si no fueran suficientes los argumentos dados días atrás por los dos líderes de las centrales sindicales mayoritarias en España, UGT y CCOO, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo respectivamente, en relación con la mal llamada movilización del 12 de diciembre en Madrid, este último sindicato vuelve a la carga, una vez más, para volver a justificar los motivos de una manifestación a todas luces mal planteada y dirigida.En esta ocasión ha sido el responsable del área de comunicación del sindicato, Fernando Lezcano, el que ha publicado, haciendo su trabajo, un comunicado con los motivos, razones y argumentos para paralizar, una vez más, el centro de Madrid, con lo que ello supone de gastos, costes y horas de trabajo perdidas –no las suyas-, para ‘disparar tiros’ y pegar voces hacia el lado equivocado, o, al menos, hacia el lado del que no está al mando del Gobierno de España.
Independientemente de un posible y futuro acuerdo entre patronal y sindicatos, que derive en una posible y futura reforma del mercado de trabajo -algo impensable hace unos meses y a la que ya nos van preparando los mismos que antes la negaban con rotundidad-, la manifestación de diciembre vuelve a ser un ataque frontal contra la ‘maldad de los empresarios’, principales culpables –según sindicatos y Gobierno- de la crisis que nos azota.
La patronal tiene la culpa que les corresponde en este escenario, pero ni más ni menos –como mínimo- que los dos sindicatos mayoritarios, quienes, con su silencio, se han convertido en los mayores cómplices de la mala gestión de la crisis que está sufriendo la economía y el mercado laboral español. El Gobierno, una vez más, no es culpable de la crisis, sino de su inaceptable respuesta a la misma, ineficaz y fuera de plazo.
Por eso, por muchos que sean los motivos que aporte, una vez más, el secretario confederal de Comunicación de CCOO, Fernando Lezcano, argumentos más que oídos, traídos y venidos en los últimos meses, sobre todo desde septiembre de 2007, la manifestación del 12 de diciembre es absolutamente innecesaria, excesiva e inútil, atendiendo a las necesidades del mercado de trabajo y de los trabajadores en paro o en vías de quedarse sin trabajo. Ya está bien de despilfarrar el dinero público entre congresos políticos de autocomplacencia y manifestaciones sin sentido.
Además, una vez se firme la paz social, que no duden que se firmará –porque de eso viven unos y otros, aunque más unos que otros-, el diablo patronal volverá a convertirse en el gran amigo sindical y gubernamental, y los principales perjudicados por la situación, los de siempre, estarán igual o peor que antes de celebrarse la dichosa manifestación.
Un titular que leí ayer en ‘The Economist’, en un artículo sobre una incipiente crisis en la agricultura mundial, es perfectamente aplicable a sindicatos y Gobierno en nuestro país desde que comenzó nuestra particular crisis: “Si las palabras fueran comida, nadie pasaría hambre”. Qué gran definición para tanta palabrería sin ningún fondo.
Y el hambre, desgraciadamente, siempre la sufren los mismos, aquellos a los que unos y otros dicen defender.