Ganarse la fidelidad de los empleados se ha convertido en una de las grandes prioridades para muchas empresas, especialmente para aquellas que se mueven en sectores altamente competitivos y en los que hay un claro déficit de talento en el mercado, como, por ejemplo, el sector tecnológico.
En este tipo de compañías, la marcha de un profesional valioso supone un verdadero problema por muchos motivos: por la dificultad que representa encontrar un remplazo adecuado en un mercado marcado por la escasez de profesionales cualificados y en el que hay un claro desajuste entre las capacidades requeridas y las disponibles; por el alto coste económico y de tiempo que implica todo el proceso de selección, a lo que se suma la inversión necesaria para formar al nuevo empleado y acompañarlo durante su periodo de adaptación al puesto; por la pérdida de conocimiento que supone su marcha -un conocimiento que, probablemente, acabe en manos de la competencia- por el impacto negativo en la marca empleadora y por el mensaje de vulnerabilidad que transmite tanto al resto del equipo,, como a los clientes que mantenían relación con esa persona.
Retener ese talento cualificado y escaso es fundamental, ya que suelen ser las personas quienes marcan la diferencia, especialmente en mercados con tensiones de contratación, como el sector tecnológico.
En ese contexto, las compañías se ven obligadas a desplegar todas sus armas y herramientas de seducción si no quieren perder competitividad. Salario, beneficios sociales o flexibilidad horaria suelen ser las principales bazas que juegan para lograr fidelizar a sus piezas clave. Pero, a veces, no es suficiente.
Miedo a reacciones negativas entre la plantilla
El temor a las fugas de talento ha llegado a tal extremo que en algunos departamentos de gestión de personas se muestran reacios a adoptar determinadas políticas por miedo a que puedan provocar una reacción negativa entre la plantilla.
Uno de esos elefantes en la habitación son las mediciones. Implantar sistemas para evaluar el rendimiento o medir el tiempo de trabajo de los profesionales sigue siendo, en muchas empresas, un tema tabú.
Y es que en ellas persiste la creencia de que podría tratarse de una medida impopular, que puede generar rechazo o, incluso, llevar a algunos empleados a plantearse buscar otros horizontes.
Pero esos temores -que existen, y que más de un director general y de Recursos Humanos me ha trasladado- solo se sostienen en una cultura que siga viendo las mediciones como una simple medida de control y no como lo que realmente son: una poderosa herramienta de mejora continua, que beneficia no solo a las compañías, sino -y esta es la clave- también a los propios trabajadores.
A los profesionales también les interesa trabajar en compañías que cuenten con una sólida cultura de medición y en las que los datos circulen con transparencia.
Las mediciones son lo que les permitirá saber en todo momento en qué punto se encuentran, que prácticas o conocimientos necesitan cambiar o adquirir y cuáles potenciar para mejorar su rendimiento, sus habilidades y su propia empleabilidad.
Si no sé qué estoy haciendo mal, no podré pedir más recursos o más formación, ni cambiar ningún comportamiento para salir de ese bucle de errores e ineficacias.
En cambio, si tengo perfectamente identificadas mis fortalezas y sé cómo estas están ayudando a la empresa y a mí mismo, estaré en posición de potenciarlas y compartirlas con el resto de la organización.
Herramienta de autoconocimiento
Bajo ese prisma, las mediciones son una poderosa herramienta de autoconocimiento que las empresas pueden regalar a sus empleados. Una palanca de visibilidad que les servirá para que se reconozcan sus aportaciones e impulsar su desarrollo.
Decíamos antes que salario, beneficios y flexibilidad eran las grandes bazas con las que cuenta una compañía para ganarse la lealtad de sus trabajadores. No son las únicas. El desarrollo profesional y la posibilidad de crecer es un aspecto cada vez más valorado por los trabajadores.
Según el informe Talent Trends 2025, realizado por Michael Page Technology, un 44 % de los profesionales afirma que cambiaría de compañía si ve que no cuenta con posibilidades claras de promoción o avance en su carrera. Y en ese desarrollo, una cultura de medición es absolutamente esencial.
Medir no ahuyenta al talento
Más allá de que determinadas operaciones, como el registro de la jornada de los trabajadores, sean desde hace unos años obligatorias por ley en España, la premisa de que medir podría ahuyentar al talento es, simplemente, absurda. Supone pedir a las empresas -y muy especialmente a las tecnológicas- que renuncien a utilizar la tecnología para lo que debería estar en el centro mismo de su negocio: mejorar la gestión y el desarrollo de su propio talento. En definitiva, es pedirles que renuncien a impulsarlo y hacerlo crecer.
En cambio, si la empresa hace el esfuerzo consciente de explicar muy bien cómo y por qué implementa un sistema digital de medición como los que desarrollamos en WorkMeter, los propios empleados verán rápidamente sus beneficios.
Y es que una cultura de evaluación no solo no es un obstáculo para el bienestar de los empleados, sino que puede ser el pegamento que refuerce su fidelidad hacia un proyecto empresarial ilusionante y una cultura organizativa orientada a la mejora continua y a la superación de los propios límites.