Imagen de una camarera

Redacción. Asempleo, patronal de las empresas de trabajo temporal (ETT) y agencias de empleo, ha alertado de que una de cada tres mujeres ocupadas en España trabaja en puestos por debajo de su cualificación.

La tasa de sobrecualificación de las mujeres en España se sitúa en el 36 %, frente al 22 % de media entre los países de la UE-27, según datos de Eurostat.

Para Asempleo, esa diferencia de 14 puntos porcentuales no es el resultado de una anomalía esporádica, sino que es un indicador del desajuste estructural entre el talento y las vacantes en el mercado, circunstancia que impacta directamente sobre la autonomía económica de las mujeres, sus trayectorias profesionales y la productividad del conjunto de la economía.

Andreu Cruañas, presidente de Asempleo, explica que este desajuste representa una "desconexión clara entre la oferta cualificada y la estructura del mercado de trabajo en nuestro país. Si bien España ha avanzado notablemente en la formación de su fuerza laboral, esto no ha sido acompañado de la creación de puestos de calidad para las trabajadoras".

"El enquistamiento de este fenómeno hace que la experiencia profesional quede vinculada a funciones con perfiles de menor preparación y hace más lenta la posibilidad de avanzar en una carrera laboral para la que se ha invertido tiempo y recursos, lo que supone un agravamiento del fenómeno de la escasez de talento para cubrir las vacantes existentes y las previsiones a corto y medio plazo", añade Cruañas.

Escenario desigual que retrasa la competitividad

La tasa de sobrecualificación de las mujeres en España es dos puntos porcentuales superior a la de los hombres, que se sitúa en el 34 %, dato que confirma, según Asempleo, el desajuste del mercado laboral y la propensión del talento femenino a trabajos de menor especialización.

Desde la patronal ponen el acento en que esta relación desigual entre el escenario español y el europeo representa, además, una limitación en el desarrollo de un modelo laboral más competitivo, que premie el talento local, al tiempo que invita a que las mujeres formadas en nuestro país busquen oportunidades en otras geografías, reduciendo significativamente el retorno en la inversión en educación.

El papel de las agencias de empleo y las ETT

En este escenario, las agencias de empleo y ETT tienen, en opinión de Asempleo, "un papel que va mucho más allá de la cobertura de vacantes. Son actores clave en el proceso de intermediación entre la cualificación disponible y las oportunidades de empleo existentes. Y esa posición les otorga una responsabilidad y también una oportunidad".

"Con la transformación acelerada de habilidades en el horizonte inmediato, mantener capital humano infrautilizado agrava el desajuste justo cuando más falta hace el ‘matching’ por competencias", apuntan desde la patronal.

Cruañas explica que "es necesario reforzar el trabajo, conjuntamente con las administraciones, para poner en el centro las competencias, evitar sesgos de género y diseñar itinerarios que faciliten la movilidad sectorial y entre ocupaciones. Eso exige, además, formación continua con derechos más portables y acumulables a lo largo de la carrera, para que las transiciones no penalicen -y menos aún- al talento femenino".

"Hablar de igualdad real implica hablar no solo de cuántas mujeres trabajan, sino de en qué tipo de empleos lo hacen, con qué grado de ajuste a su cualificación y con qué perspectivas de desarrollo profesional", añade Cruañas.

Sobrecualificación por sectores económicos

La sobrecualificación femenina es muy desigual, agrupándose en sectores específicos, principalmente aquellos que más mujeres contratan y que son los que ofrecen puestos de menor cualificación. Esto genera una brecha importante entre la preparación real de las trabajadoras y las funciones básicas que terminan desempeñando en sus puestos.

Frente a una tasa de sobrecualificación femenina del 86,6 % en el sector del alojamiento y la restauración, en educación no llega al 7 %.

Asimismo, en la actividad de información y comunicación, o en actividades profesionales y científicas, la incidencia de la sobrecualificación también es notablemente menor.

Desde Asempleo se concluye que cerrar esta brecha no es solo una prioridad de igualdad real, es también una variable directa de la competitividad del país y del retorno de la inversión en educación.

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