Recursos Humanos RRHH Press. Las vacaciones son una posible fuente de estrés y ansiedad para muchos españoles, debido, principalmente, a factores como el aumento de las temperaturas, la necesidad de gestionar viajes y alojamientos, la convivencia con familiares y amigos, la gestión de tareas domésticas o el aumento de la preocupación por nuestra imagen.
Así lo pone de relieve un análisis realizado por la consultora especializada en salud y bienestar, Mente y Vida, según el cual, hasta un 15% de los españoles declaran sentir ansiedad producida por la llegada de las vacaciones, motivo que lleva a un número considerable de personas a sentir aversión por el periodo estival.
Existen dos perfiles diferenciados de personas que odian las vacaciones. Por un lado, destacan los adictos al trabajo, que se resisten a desconectar de su rutina laboral; por otro, estarían las personas incapaces de asumir las rutinas propias del verano.
Trabajadores compulsivos
Allende Villorejo de Landia, directora de Mente y Vida y coach en Inteligencia Emocional y Mindfulness, explica que, “aunque se habla poco de este fenómeno, cada vez es mayor el número de personas que se obsesiona por su trabajo y se niega a abandonar sus tareas para descansar”.
La falta de descanso continuada desemboca en un aumento en el nivel de ansiedad, seguido de irascibilidad, falta de sueño y una disminución de la capacidad de concentración. A pesar de la conveniencia del descanso muchos trabajadores, especialmente profesionales y directivos, se resisten a desconectar.
“Existe un perfil concreto de profesionales que solo viven por y para el trabajo. Madrugan mucho para ir al trabajo, donde se pasan 12 horas y vuelven a casa solo pensando en acostarse para levantarse al día siguiente. Cuando se produce una ruptura de esta rutina, por las vacaciones, estas personas sienten ansiedad por el abandono de sus responsabilidades, y aunque lo intenten no logran alcanzar los niveles de descanso profundos que son recomendables durante las vacaciones”, explica la directora de Mente y Vida.
El perfil psicológico de estos trabajadores es el de personas con una alta necesidad de logro, que buscan el éxito y la consecución de sus objetivos profesionales, por encima de la satisfacción personal que aportan la familia o las relaciones sociales.
Coincidiría este perfil con el patrón de personalidad ‘Tipo A’ definido por Friedman y Roseman: personas competitivas, que viven con una sensación de urgencia constante, lo que puede llevarles a padecer enfermedades coronarias e hipertensión.
Contra las rutinas del verano
Además de los adictos al trabajo, están aquellos que no se adaptan a las rutinas veraniegas. La llegada del periodo estival implica un cambio radical de los hábitos cotidianos, pero estos cambios no siempre son bien recibidos.
Muchos padres deben hacerse cargo del cuidado de los niños, por ejemplo, que pueden requerir atenciones constantes. Las tareas domésticas, la convivencia con familiares o amigos, que puede resultar demasiada intensa, son algunos de los cambios que pueden suponer un aumento del estrés.
En vacaciones desaparecen los horarios estructurados, regidos por las obligaciones profesionales o académicas, y se imponen otras rutinas, a menudo exigentes, pero no tan estructuradas y que pueden suponer cierta anarquía. Esto se puede convertir en un foco de conflictos familiares.
“El estrés es algo natural en situaciones de cambio”, explica Allende Villorejo de Landia. “En el periodo vacacional cambiamos por completo nuestros hábitos, y adaptarse puede ser difícil, dando lugar a problemas de ansiedad”.
Entre los principales factores que pueden causar estrés y ansiedad en el periodo vacacional cabe destacar:
El aumento de las temperaturas. El calor excesivo produce incomodidad y puede dificultar el descanso, sobre todo durante la noche. Las olas de calor pueden llegar a suponer peligros serios para la salud, y la exposición a un calor continuado genera irritabilidad y aumenta la posibilidad de conflictos interpersonales y sociales.
La convivencia. Durante el periodo de vacaciones aumenta el número de horas que los miembros de una familia pasan juntos. También se pueden dar situaciones en las que se convive con familiares que no forman parte del núcleo familiar durante el resto del año, con amigos o nuevos vecinos que pueden causar roces y conflictos que desembocan en un incremento del estrés o, incluso, en ansiedad.
Tareas del hogar. En este tiempo de descanso se cambian las reuniones, entrevistas y entrega de trabajos por otras obligaciones domésticas, como puede ser el cuidado de los niños, la preparación de comidas o la limpieza del hogar. El reparto injusto de las tareas o la necesidad de adaptarse a las nuevas circunstancias pueden genera conflictos que será necesario gestionar con inteligencia emocional.
Exposición social. Otro factor reseñable desde Mente y Vida es que en vacaciones, al aumentar el número de horas disponibles para el ocio, se produce un aumento de las relaciones sociales. La exposición del cuerpo en la playa o piscina puede suponer un motivo de estrés para aquellos que se preocupan excesivamente por su figura. Las relaciones sociales son un arma de doble filo, ya que son una oportunidad para disfrutar, pero también pueden ser motivo de estrés.
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