pazLas palabras del vicepresidente tercero del Gobierno y ministro de Política Territorial, Manuel Chaves, sobre la necesidad de una reforma laboral deberían echar por tierra los argumentos de todos aquellos cuya cerrazón sindical les hizo maldecir de dicha posibilidad.

Pero no, todo lo contrario, Chaves no cree que ahora sea el momento adecuado para acometer dicha reforma, sobre todo porque, entre otras razones, tendría efectos sobre la paz social.

Desde aquellos tiempos, en los que se negó algo tan obvio como la incipiente crisis económica, hasta los actuales, en los que Chaves –y muchos otros- afirma que “no cabe engañarse, tenemos por delante meses muy difíciles", ha habido tiempo de sobra para reestructurar y dinamizar el mercado de trabajo, no sólo para “abaratar el despido”, como alegan de manera muy simplista los defensores de la supuesta paz social, sino para, simplemente, hacer algo útil.

La paz social cada día se parece más, para el ciudadano de a pie, a la paz de los cementerios –laboralmente hablando-; lo malo es que los muertos –también laboralmente hablando- los ponen siempre los más débiles, que no proceden precisamente del lado sindical ni gubernamental.

Nunca una paz social fue tan antisocial.

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