Profesionales trabajando con IA

Redacción. El 93 % de la inversión empresarial en inteligencia artificial (IA) se concentra en tecnología, frente a un escaso 7 % destinado a las personas, pese a que el factor humano resulta determinante para maximizar el retorno de dicha inversión.

Este es uno de los desequilibrios más llamativos que se desprenden del informe Tendencias Globales de Capital Humano 2026, elaborado por Deloitte junto a Oxford Economics a partir de encuestas a más de 3000 líderes empresariales en 15 países.

El estudio, que también ha contado con la opinión de 6000 trabajadores, managers y ejecutivos, revela que, aunque el 66 % de los líderes reconoce la importancia de definir cómo deben colaborar personas y sistemas, solo el 7 % trabaja activamente en ello, según datos comunicados por Deloitte España.

Además, el 84 % de las organizaciones no ha rediseñado el trabajo ni los roles para adaptarlos a la IA. En la práctica, el 59 % sigue incorporando esta tecnología sobre procesos ya existentes, sin replantear los modelos de trabajo desde la base.

El caso español: consenso sin ejecución

En España, el consenso sobre la necesidad de superar los modelos funcionales tradicionales es amplio —el 71 % de los encuestados lo considera muy o extremadamente importante—, pero solo el 31 % afirma estar dando pasos concretos en esa dirección.

"En 2026, las tensiones que atraviesa el mundo laboral han alcanzado un punto de inflexión. La ventaja competitiva no se obtiene únicamente mediante el despliegue de inteligencia artificial, sino a través de un diseño intencional de cómo humanos y máquinas colaboran para multiplicar el impacto humano. Aquellas organizaciones que construyan su ventaja humana gracias a la tecnología serán las que definan los estándares de éxito en la próxima curva del crecimiento", afirma Joan Pere Salom, socio responsable de capital humano de Deloitte España y líder global del CHRO Program de Deloitte.

La cultura organizativa es otro frente crítico. El 65 % de los directivos reconoce que debe cambiar de forma significativa, pero el 42 % admite que ni siquiera está evaluando el impacto de la IA en las personas.

Las consecuencias son visibles: el 68 % de los trabajadores reporta menor bienestar, el 60 % percibe un aumento de la carga de trabajo y el 58 % se siente menos relevante o desplazado. Un tercio de los empleados ha vivido hasta 15 transformaciones relevantes en el último año.

Adaptarse o quedarse atrás

Frente a este panorama, el informe plantea pasar de "gestionar el cambio" a desarrollar lo que denomina "adaptabilidad continua", convertir la capacidad de aprender y evolucionar en tiempo real en una competencia central. Las organizaciones que lo logran son 2,4 veces más propensas a mejorar sus resultados financieros y a ofrecer un trabajo más significativo.

A todo ello se suma la erosión de la confianza en los datos: el 88 % de los directivos la considera fundamental para el éxito organizativo, pero solo el 30 % cree que sus prácticas actuales generan esa confianza.

"La clave está en cómo decidimos aplicar la inteligencia artificial. Cuando la IA se orienta de forma intencional a potenciar la ventaja humana —a amplificar la capacidad, el criterio y el impacto de las personas— no solo aumenta el retorno de la inversión, sino que también construimos organizaciones más resilientes, más adaptativas y, en última instancia, más humanas", concluye Salom.

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