Las vacaciones de verano son un periodo que muchos aprovechan para reflexionar acerca de lo logrado en la temporada que acaban de dejar atrás.
Tumbados en una hamaca a la sombra de un cocotero -los más afortunados-, dando un paseo mañanero por el campo cuando el sol todavía no aprieta más de la cuenta o, simplemente, disfrutando del desayuno sin las prisas de tener que comenzar la jornada laboral, es el momento de repasar mentalmente éxitos y fracasos, identificar fortalezas y puntos de mejora y comenzar a pergeñar nuevas ideas y proyectos, tanto individuales como colectivos, para poner en marcha cuando toque reincorporarse a la rutina laboral.
Realizar ese ejercicio de introspección no solo es sanísimo como parte del necesario proceso de reconexión con uno mismo que todos necesitamos realizar después de un periodo de intenso trabajo, sino que también es una gran fuente de aprendizaje de cara a seguir creciendo y mejorando en el futuro.
Sin embargo, para que ese aprendizaje sea realmente útil y sustancioso, conviene que no esté apoyado simplemente en nuestras impresiones personales -siempre subjetivas, siempre traicioneras- acerca de lo que hemos podido hacer bien, mal o regular durante el año, ya que estas percepciones están marcadas por infinidad de sesgos, creencias y prejuicios que desvirtúan su validez.
Ni siquiera apoyarse en resultados, como podrían ser el hecho de haber conseguido o no un determinado proyecto o de haber aumentado o disminuido la facturación en relación al ejercicio anterior, es, en realidad, fiable como referencia de aprendizaje, porque, aunque se trate de hechos objetivos y contrastables, nos estaríamos dejando fuera de la ecuación un elemento fundamental para su plena comprensión: el proceso que nos llevó a la consecución o no de esos hitos.
No, la única forma de darle a ese ejercicio de reflexión personal un revestimiento de comprensión global que nos permita extraer conclusiones válidas de cómo ha sido nuestro año es a través de los datos.
Los datos son esa materia prima indispensable para construir aprendizaje que nos permite incorporar a nuestra reflexión no solo los resultados, los ‘qués’, sino, mucho más significativo, la manera en la que un determinado desempeño nos llevó a la consecución o no de esos objetivos: los ‘cómos’.
Sin esa comprensión más profunda y detallada de los pasos que nos han conducido hasta el destino seremos incapaces de reproducir esa hoja de ruta que nos ha servido para hacer diana, ni tampoco de introducir modificaciones en la misma para no reincidir en errores en el futuro. Es decir, sin datos estamos condenados a avanzar a ciegas y a dejar nuestra capacidad de mejora en manos del azar.
Por fortuna, en la actualidad existen numerosas herramientas digitales que nos permiten sustentar nuestros legítimos deseos de mejora en datos objetivos. Gracias a aplicaciones como las de WorkMeter, el profesional puede hacer una lectura crítica de su propio desempeño que le sirva como valiosa lección de autoaprendizaje.
Cuestiones como en qué momentos de la semana o de la jornada ha sido más productivo, a qué tipo de tareas ha dedicado más o menos tiempo, qué aplicaciones informáticas utiliza más o en qué proyectos ha volcado más dedicación, con qué resultado y cómo estaban diseñados y dotados en cuanto a recursos, es una información que está al alcance de cualquier profesional de una forma muy sencilla y accesible.
Esos datos, disponibles en tiempo real en cualquier momento del año, pero también fácilmente recopilables en forma de totales que nos sirvan para extraer conclusiones al finalizar la temporada, son esenciales para comprender el origen de nuestros aciertos y errores y poner los medios para potenciar los primeros y corregir los segundos cuando llegue el momento de retomar la actividad.
Es más. De cara a nuestros jefes, esas métricas nos cargarán de legitimidad a la hora de reclamar más recursos, refuerzos o cambios organizativos que permitan mejorar esos procesos. Con datos es mucho más fácil que quienes pueden y deben tomar decisiones nos escuchen.
Así pues, como conclusión: cocotero, sí; reflexión, por supuesto. Pero, por favor, que ese curso de verano de la mejora personal esté impregnado de datos. Porque será la forma en que nos bajemos de esa hamaca convertidos en una versión actualizada, más potente y más motivada de nosotros mismos para la vuelta del verano.