opelRRHHpress. La decisión del grupo automovilístico General Motors de no vender su filial europea Opel al grupo canadiense de componentes de automoción Magna ha causado sorpresa e indignación en Europa, y, principalmente, en Alemania.

La canciller alemana, Angela Merkel, que se encontraba de visita en Washington y que había apoyado firmemente la venta de Opel a Magna, se mostró muy sorprendida por la decisión de General Motors.

Según un comunicado leído a los periodistas en Berlín, el portavoz del gobierno alemán Ulrich Wilhelm señaló que el Ejecutivo lamenta la decisión de GM, decisión que el ministro de economía, Rainer Brueder, calificó de 'totalmente inaceptable'. Además, Brueder declaró que espera que GM presente un plan de reestructuración lo antes posible.

La maniobra de General Motors pone un brusco punto y final a meses de conversaciones, en las cuales el gobierno alemán acordó en septiembre aportar una ayuda financiera de 4.500 millones de euros para que se cerrase la compra por parte de Magna.

Efectos de la decisión

Roland Koch, premier del estado alemán de Hesse, donde se localiza la central europea de Opel, ha declarado que la decisión de GM le dejó en un estado de shock y furia, además de mostrarse preocupado por el futuro de la compañía y de sus puestos de trabajo. Koch también afirmó que espera que GM devuelva el préstamo de 1.500 millones de euros que ha permitido mantener las operaciones diarias de la compañía, de tal manera que el contribuyente alemán no soporte una hipotética pérdida.

Por su parte, el premier del estado de North Rhine-Westphalia -donde se localiza la planta de Bochum-, Juergen Ruettgers, ha declarado que el 'turbocapitalismo' ha mostrado su fea cabeza, y que GM había dejado a sus trabajadores abandonados bajo la lluvia.

España

Representantes sindicales de la factoría española de Opel en Figueruelas expresaron hoy su sorpresa por la decisión de GM de mantener Opel, afirmando que la misma les había dejados exhaustos por la incertidumbre derivada de la misma.

Los empleados de la planta aragonesa han deplorado el repentino cambio de la situación tras semanas de duras negociaciones, durante las cuales se había alcanzado un acuerdo con Magna para que sólo se recortaran 900 empleos -de una plantilla de 7.500 trabajadores- de los 1.300 inicialmente previstos.

 

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