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Redacción. Un 72 % de las empresas más representativas de la economía española encuentran problemas para cubrir los puestos de trabajo que ofrecen.

Así lo pone de relieve el informe El futuro del empleo y las competencias profesionales del futuro: la perspectiva de las empresas, realizado por IESE Business School, según el cual las dificultades que las empresas encuentran se refieren tanto a un nivel de conocimientos insuficientes en algunas materias, como al nivel de capacidades y actitudes profesionales requeridas.

El estudio, en el que han participado de directivos del área de RRHH de 53 empresas que emplearon en 2017 a, aproximadamente, 447.763 personas en España y casi tres millones a nivel mundial, revela que el 72 % de los consultados considera que la revolución digital tiene un impacto alto o muy alto en el cambio de perfiles requeridos, y un 56 % piensa que el impacto de la automatización es alto o muy alto.

Brecha de conocimientos tecnológicos

Un 68 % de las empresas encuestadas detectan una importante brecha de conocimientos en tecnología y digitalización, en el caso de los graduados universitarios, y un 48 % detecta estas carencias en los graduados de formación profesional.

Así mismo, las empresas consideran que la brecha de conocimientos en áreas como big data, marketing digital, inteligencia artificial o blockchain será aún mayor dentro de cinco años, lo que aumenta el reto de mejora del sistema educativo.

Trabajo en equipo y comunicación

Un 56 % de las empresas encuestadas no encuentran las capacidades de trabajo en equipo requeridas en titulados universitarios, y un 52 % no encuentra en estos graduados las capacidades requeridas de comunicación.

En relación a los titulados en formación profesional, un 52 % de las empresas no detecta la capacidad requerida de comunicación y un 48 % no encuentra la capacidad requerida de trabajo en equipo.

Actitudes profesionales y personales

Por otra parte, la brecha detectada en el ámbito de las actitudes profesionales y personales es también grande. Un 72 % de las empresas encuestadas no encuentra el nivel de adaptabilidad y resiliencia necesarias en las personas procedentes de formación universitaria, y un 52 % de las empresas no encuentran estas actitudes en los graduados de formación profesional.

Las empresas encuestadas siguen apostando por contratar personas con formación universitaria de grado superior. El 67 % de los puestos de trabajo actuales y el 57 % de los ofrecidos en los últimos doce meses en las compañías entrevistadas están ocupados por personas con formación universitaria de grado superior.

Además, se observa un aumento de puestos cubiertos por profesionales de formación profesional, que suponen el 17 % de los puestos de trabajo totales y el 21 % de las contrataciones realizadas en los últimos doce meses. Sin embargo, las empresas siguen encontrando dificultades para contratar a jóvenes con formación profesional.

Papel más activo en la definición de competencias profesionales y en los contenidos de la formación

Un 87% de las empresas participantes en el estudio consideran importante que las empresas tengan un papel más activo en la definición de los conocimientos, capacidades y actitudes necesarios, y su traslación a los planes de formación de los centros educativos, y muestran su disposición para colaborar más aún en esta tarea.

Así mismo, las empresas consideran que el gobierno debería impulsar esta colaboración entre empresas, universidades y centros educativos, flexibilizando y modernizando el sistema educativo para que las instituciones educativas puedan dar respuesta a las necesidades reales de las empresas.

Concretamente, las empresas consideran que el gobierno debería introducir mayor flexibilidad en el contenido y la adaptación de los programas y módulos, facilitar la colaboración de las empresas y fomentar la creación de nuevos grados.

Las fórmulas mixtas de estudio-trabajo, o prácticas hacia el final de un ciclo formativo o grado, son el mejor antídoto para luchar contra el desempleo y la mejor ayuda para preparar a los jóvenes hacia una trayectoria profesional satisfactoria.

El Gobierno debería potenciar los contratos en prácticas. Su regulación debe incluir algunos aspectos básicos de protección social, pero debería evitar costes y rigideces innecesarios.

El impulso de la formación con prácticas en las empresas genera un enorme beneficio para los jóvenes, mejora su empleabilidad futura y contribuye a reducir problemas sociales enormes como el desempleo o la exclusión social.

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