UGTLa semana pasada el secretario general del sindicato UGT de Madrid, José Ricardo Martínez, invitaba al gobernador del Banco de España a marcharse “a su puta casa”. ¿El motivo? La demanda por parte de Miguel Ángel Fernández Ordóñez de reformas estructurales del mercado laboral que ayuden a reactivarlo y a frenar la sangría incesante de parados.

Sin entrar en el fondo del asunto, estar de acuerdo o no con la petición de Fernández Ordóñez, las formas y expresiones utilizadas por Martínez son inadmisibles para alguien sobre quien recae la representación, ni más ni menos, del sindicato UGT en Madrid.

Más aún, si invitar al dirigente de la más importante institución financiera, en plena crisis económica, a marcharse a su casa por expresar su opinión sobre cómo salir de ella -aunque sea a costa de una más que necesaria reforma laboral- ya es síntoma de intransigencia y poco respeto hacia las ideas de los demás, utilizar el calificativo ‘puta’ es, además de una falta total de educación, una muestra más de la necesaria renovación del movimiento sindical en nuestro país, incapaz de representar ni siquiera a ese diez por ciento de trabajadores supuestamente afilados.

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