Con unas cifras escandalosas, un mes más, en lo que a empleo se refiere, sin entrar a valorar si son datos maquillados o no, que además no suelen coincidir con los datos facilitados por la oficina de estadísticas de la Unión Europea Eurostat, lo que invita a pensar -además de por otras razones- que sí son maquillados, volvemos a comprobar cómo el recurso a la evidencia es lo más socorrido desde el Ejecutivo para esconder su nefasta política económica y de empleo.
Con Corbacho desaparecido -nunca aparece para dar su valoración inmediata tras conocerse los nuevos descalabros-, todas las valoraciones del Gobierno -ya sea en forma de comunicado o en presencia ante los medios- se limitan a poner de manifiesto una positiva ralentización de la destrucción del empleo. Nada más obvio, evidente y comprobable.
¿Y eso sirve de consuelo al ciudadano medio? Seguramente no, porque esa ralentización no obedece -en un país como el nuestro, que ocupa las peores posiciones, junto con Letonia, en los rankings de empleo europeos, tanto de la UE27 como de la UE16- a una efectiva acción de gobierno, sino a una irremediable tendencia a la mejora originada en cualquier otro sitio menos en la cabeza pensante de nuestros dirigentes.
El recurrente discurso sobre la ralentización de la destrucción de empleo no sirve, ni a los que esperan en las colas del paro, ni a los que cierran sus empresa un día sí y otro también. Pero es que, además, hasta el más obtuso puede entender que a menos puestos de trabajo que destruir, menos destrucción de empleo se producirá.
Ante este panorama, a España le queda ralentización durante muchos años, no sólo en la destrucción de empleo, sino en su futura y previsible creación cuando empecemos a ver la luz al final del túnel, por mucha ley de economía sostenible que se apruebe y que sólo servirá para sostener la economía de unos pocos, desgraciadamente los mismos de siempre.
Y la reforma laboral en el cajón.
Enrique Navarro - Director de RRHHpress.com